Annie Leibovitz.

EFE

Su cámara se ha situado frente a algunas de las personalidades más relevantes de las últimas décadas en los campos de la política, la cultura y el deporte, y también ha sido testigo de conflictos bélicos. Por ello, las imágenes de Annie Leibovitz sirven para reconstruir nuestra historia más reciente.

Con una mirada que nunca es inocente, pues utiliza su objetivo como herramienta para expresar sus puntos de vista, Leibovitz (Connecticut, Estados Unidos, 1949) recibirá hoy el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2013.

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Un premio que le ha sido concedido por haber dinamizado el fotoperiodismo mundial y ser autora de instantáneas y retratos que reflejan una época a través de sus protagonistas.

Con un universo propio en el que no existen trabas temáticas, también ha practicado la fotografía documental y de paisajes.

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A imágenes convertidas ya en iconos fotográficos, como la de Nixon subiendo al helicóptero en el que abandonaba la Casa Blanca o la de John Lennon desnudo y abrazado en posición fetal a Yoko Ono, horas antes de que fuera asesinado, se unen instantáneas de Nelson Mandela, Brad Pitt, Johnny Deep con Kate Moos, Quentin Tarantino o Milkhail Baryshnikov.

También sus retratos de Holly Hunter, Keith Richards, Patti Smith, Mick Jagger o Demmi Moore embarazada han contribuido a convertir a Annie Leibovitz en una de las fotógrafas más fascinantes de todos los tiempos y la mejor pagada.

La desnudez de la enfermedad de la escritora Susan Sontag, su compañera durante muchos años y cuyo fallecimiento la afectó profundamente, la labor cotidiana de su madre, el desnudo de Demi Moore embarazada, el gabinete Bush, la belleza de Brad Pitt o la realidad de Sarajevo son imágenes que conforman su universo.

Con un trabajo fundamental para las revistas Rolling Stone, Vanity Fair o Vogue, y autora de influyentes campañas publicitarias, la obra de la galardonada incluye también imágenes muy íntimas y personales con las que a lo largo de los años ha querido rendir homenaje a sus familiares y amigos. Las conmovedoras fotografías de la muerte de su padre o las de los nacimientos de sus tres hijas son prueba de ello.

Recibida como una gran estrella allá donde va, en su visita a Madrid con motivo de una exposición celebrada en el marco de PhotoEspaña 2009, Leibovitz se mostró como una artista a la que los muchos años de trabajo no han hecho que deje de apasionarse al hablar de sus fotografías.

En aquella ocasión, subrayó la importancia que tuvo para ella su relación con la escritora y ensayista Susan Sontag, con la que en varias ocasiones viajó a España.

Respecto a la fotografía, afirmaba que "te da licencia para explorar. No hay que hacer el trabajo porque te lo piden, sino porque te gusta". Y en cuanto a la técnica, "el contenido es más importante. Me interesa hacer las cosas lo más sencillas posibles".

Una de sus fotografías más importantes y una de sus preferidas es la que le hizo a su madre para el libro "Woman" en 1997. "Es una imagen que pone muy alto el listón. Me gustaría hacer fotografías como esta todos los días, pero es muy difícil, es como capturar el alma".

Convencida de que la experiencia hace su trabajo más interesante, le gusta hablar con la gente a la que va a fotografiar y, confesaba, "todavía me pongo nerviosa. Nunca voy a parar, nunca".

Estudiante de pintura en el San Francisco Art Institute, Leibovitz fue fotógrafa jefe de la revista Rolling Stone, se incorporó posteriormente a Vanity Fair y después a Vogue. Es autora de influyentes campañas publicitarias y su obra ha sido expuesta en importantes museos y galerías.

"No soy periodista. Un periodista no toma partido, y a mí no me interesa adoptar esta actitud en la vida. Como fotógrafa, poseo una voz mucho más convincente cuando deseo expresar mi punto de vista", escribió la artista en "Vida de una fotógrafa. 1990-2005", el primer libro publicado en castellano de Annie Leibovitz.

Este libro tuvo para la galardonada algo de excavación arqueológica, sobre todo en lo que respecta a las fotografías que no pertenecían al campo de la publicidad, de las que ni siquiera sabía de cuántas disponía.

"No me di cuenta hasta más tarde de que el trabajo del libro había intensificado mi aflicción. De todo lo que he hecho en mi vida, esta es la tarea que más se ha acercado a mi esencia".

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