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Pacifistas y extremistas israelíes se manifiestan en Jerusalén

Pacifistas de la izquierda israelí y movimientos de extrema derecha judía se manifestaron esta noche en Jerusalén, los primeros para pedir el fin de la ocupación de Cisjordania y los segundos para criticar la acción del primer ministro, Benjamin Netanyahu, y exigir políticas más duras.

Alrededor de medio centenar de personas del colectivo pacifista se reunieron en la plaza de Zion, en el centro de la ciudad santa para condenar la ola de violencia racista que vive Israel y Cisjordania desde hace cinco días y denunciar que su origen está en la ocupación militar de Palestina.

"Creo que es importante estar aquí esta noche para decir no a la política actual. Mientras la ocupación siga adelante, no hay opciones de paz", explicó a Efe Amos Haaz, un joven de 29 años residente en Jerusalén.

"Nosotros queremos la paz, una paz nos lleve a convivir, no sé, con un estado federado, cantones, dos estados, pero no a la violencia y el odio", agregó.

Dos kilómetros más arriba casi un centenar de personas mostraba un discurso opuesto, con críticas al primer ministro por lo que consideraban una respuesta muy tibia al movimiento islamista Hamas, al que Israel acusa del triple asesinato de tres estudiantes desaparecidos el 12 de junio en la Cisjordania ocupada.

"Hamas nunca más. No queremos el terrorismo, este es nuestro país es el único que tenemos", explicó a Efe un judía colombiana que prefirió no identificarse.

La mayor parte de los congregados, cercados por la policía junto a la oficina del primer ministro, pertenecía a un nuevo movimiento de la derecha israelí conocido como la llama, y cuyo símbolo es una estrella de David amarilla.

"Hemos venido aquí a decirle al primer ministro que no nos gusta su política. Han asesinado a tres judíos y no ha hecho nada, no ha hecho nada", se quejaba otro de los manifestantes.

Una ola de ataques racistas recorre el país desde que el pasado lunes fueron hallados cerca de la ciudad palestina de Hebrón los cadáveres, tiroteados, de tres estudiantes israelíes -dos de ellos menores- desaparecidos cuando hacían autostop en las inmediaciones de la colonia de Gush Etzion.

Nada más ser enterrados, cientos de personas se manifestaron en Jerusalén al grito de "muerte a los árabes" y atacaron a varios trabajadores en el centro de la ciudad.

Además, las redes sociales se llenaron de fotografías de soldados israelíes y civiles clamando venganza.

Ese mismo día, desapareció en el barrio de Suafat, en Jerusalén Este, Mohamad Abu Jedeir, un joven palestino de 16 años que salía de una mezquita.

Su cuerpo, calcinado, fue hallado horas después en una zona boscosa de Jerusalén Oeste, en un crimen cuya principal hipótesis es un acto de venganza de radicales judíos.

El asesinato desató disturbios entre grupos de jóvenes radicales palestinos y fuerzas antidisturbios israelíes en los resultaron heridas 300 personas, y que enseguida se extendieron a otros barrios de la ciudad santa.

En medio de esta ola de ataques racistas, que se extendió anoche con incidentes a lo largo de Israel y Cisjordania, el presiente israelí, Simón Peres, y el propio Netanyahu, pidieron a la población de su país que se abstenga de provocar y no se tome la justicia por su mano.