Antes de unas planeadas protestas multitudinarias contra el gobierno, la capital paquistaní luce como una ciudad que se prepara para ser sitiada.
Contenedores metálicos bloquean el paso hacia el centro de Islamabad, colocados por las fuerzas de seguridad que esperan frenar a los manifestantes que apoyan ya sea a un intenso clérigo opositor al gobierno o a una estrella de cricket convertida en político. Se puede observar a policías antidisturbios tomando sus puestos en toda la ciudad. Mientras tanto, el temor de que el gobierno pueda interrumpir el abastecimiento de combustible a fin de desacelerar a los manifestantes ha generado largas filas en las gasolineras.
Las protestas del jueves representan el desafío más fuerte hasta ahora para el gobierno del primer ministro Nawaz Sharif, a un año de haber asumido el puesto en la primera transferencia de poder democrática en un país por mucho tiempo plagado por golpes de Estado. Y la manera en que el país reaccione a las exigencias de la salida de Sharif mostrará el alcance de su naciente democracia.
"Creo que va a ser una prueba de voluntades en Islamabad", dijo Rasul Bakhsh Rais, que dirige el Instituto de Estudios Estratégicos.
Dos hombres encabezan los retos a Sharif.
El primero es Tahir-ul-Qadri, un clérigo paquistaní que también tiene la ciudadanía canadiense. Dirige a miles de partidarios a través de su red de mezquitas y escuelas religiosas en Pakistán. El año pasado, Qadri realizó una protesta en la capital exigiendo reformas electorales vagamente redactadas antes de los comicios de mayo en todo el país, lo que frenó las actividades en Islamabad. Sus seguidores de antemano chocaron con la policía el fin de semana.
El otro es la ex leyenda de cricket paquistaní Imran Khan. Su partido Tehreek-e-Insaf es el tercer bloque político más grande en el parlamento. Los intentos de Khan para ganarse seguidores en la provincia de Punjab, la sede del poder de Sharif y su Liga Musulmana de Pakistán (N), han sacudido al partido gobernante.
FUENTE: AP




