El jefe de la Policía de Rosario, Argentina, Adrián Forni, falleció el domingo 23 de mayo en un sanatorio de esa ciudad santafesina a causa de las complicaciones que se presentaron en su cuadro de COVID-19. Antes de morir, el director de la Unidad Regional II había enviado un audio de Whatsapp a sus compañeros de la fuerza solicitándoles que no subestimen la gravedad de la enfermedad.
Pero antes de morir, el propio Forni había compartido un audio de WhatsApp con sus compañeros de la Policía, explicándoles cuál era su estado de salud. “La situación mía arrancó el lunes y lo que voy a contar ahora es decirles la realidad que me tocó a mí, para que todos tomemos conciencia, para que no subestimemos el COVID, porque es un asesino muy inteligente, no es un bichito que levanta simplemente temperatura”, comenzó.
Luego, el comisario contó que el lunes anterior había empezado a sentirse “raro”, por lo que decidió someterse al hisopado, que arrojó como resultado positivo. El martes y el miércoles ya registró una temperatura que superaba los 39 grados de fiebre. “Vi la muerte, el cuadro cardíaco estaba a 135, me tiré bajo la ducha helada y sentía que me iba a explotar el corazón”, confió a sus compañeros.
En pocos días el cuadro de Forni se agravó con signos de neumonía y fue internado. De inmediato comenzó a ser tratado con suero y antibióticos. “A esta enfermedad se la vence con estrategia. La temperatura me la medía cada 10 minutos. No piensen que es una enfermedad leve, que no pasa nada. No, no es así, les puedo asegurar que me di cuenta de que buscaba matar. Yo me veía en mi sepelio. Les dejo un abrazo grande. No esperen hasta el final y que el médico les diga ‘ya está muy avanzado, por qué no viniste antes’. Esta enfermedad no perdona”.
“Cumplan con todos los protocolos que la provincia ha ordenado porque es real, este virus es mortal”, insistió Forni en aquel premonitorio audio.





