Estados Unidos Internacionales -  5 de octubre 2021 - 11:04hs

Tras huracán, habitantes de Luisiana contemplan irse

Antes del impacto de un huracán, es común que la gente se pregunte si hay que quedarse o huir. Después, la duda es si hay que mudarse.

Coy Verdin se crió en Luisiana, a poca distancia de Bayou Grand Caillou y unos kilómetros al norte de la pantanosa costa local.

Sus padres todavía viven en la casa móvil de allí, rodeada de robles y con vista a la bahía. Verdin, de 52 años, hoy en día vive en Fisherman’s Lane en la comunidad de Dulac, un poco más tierra adentro pero cerca.

Como pescador de tercera generación que además ayuda en el entrenamiento del equipo de voleibol local, Verdin habla con orgullo de la zona y sus costumbres. Pero tras el paso devastador del huracán Ida, ya no quiere vivir allí.

“Yo me voy”, dice enfáticamente el hombre mientras pasea por las ruinas de lo que fue su casa, averiada por el huracán. “Me iré un poco más al norte”.

Antes del impacto de un huracán, es común que la gente se pregunte si hay que quedarse o huir. Después, la duda es si hay que mudarse. Ida, una de las tormentas más feroces en la historia de Luisiana, impactó el 29 de agosto, la misma fecha en que, 16 años antes, llegó el huracán Katrina, que transformó la demografía del sudeste del estado. Ahora, tras la más reciente tormenta, muchos habitantes de Luisiana están sopesando la posibilidad de irse de una vez por todas.

La ciudad de LaPlace está a unos 110 kilómetros (70 millas) tierra adentro de Dulac, y a unos 50 kilómetros (30 millas) al oeste de Nueva Orleans. Es un suburbio de clase trabajadora ubicado entre el Río Mississippi y el Lago Pontchartrain. Allí los habitantes todavía están reparando los daños de la segunda gran inundación acaecida en nueve años — la otra fue la del huracán Isaac en el 2012 — y están considerando la posibilidad de irse.

“Ya nos ha pasado dos veces y no quiero experimentarlo otra vez”, contó Dawn Anthony, afuera de la vivienda donde ha vivido por 27 años y donde su esposo Derek estaba tumbando paredes arruinadas por la inundación.

En la calle Cambridge, repleta de escombros arrojados por la tormenta, Michael y Shontrece Lathers observaban mientras una cuadrilla de obreros cubría su vivienda con una enorme lona azul.

“Cuando compramos esta casa ni siquiera necesitábamos el seguro por inundaciones”, contaba Michael Lathers, mecánico de profesión, mientras recorría las ruinas de lo que fue su vivienda.

Lathers pensaba mudarse incluso antes del impacto de Ida, y ahora lamenta que tendrá que vender la casa a un precio menor al de compra. Un proyecto para proteger a la zona de inundaciones, anunciado recientemente, “está llegando 10 años demasiado tarde”.

Sin embargo, aclara que no se irá de Luisiana. Piensa mudarse a St. Helena Parish, donde tiene familia y ubicada a unos 95 kilómetros (60 millas) al norte de LaPlace, más lejos del lago y del río. Verdin también dijo que no quiere mudarse lejos del lugar donde se crió, prefiriendo mudarse cerca de sus familiares y de los lugares donde puede ir de pesca.

“Los migrantes por causas climáticas por lo general se mudan a lugares cercanos para poder mantener sus empleos, su cultura, sus amistades”, señaló Elizabeth Fussell, profesora en la Universidad de Brown. “No quieren cambiar todo en sus vidas. Solo quieren alejarse del peligro, y eso en muchos casos implica mudarse solo a una corta distancia”.

Katrina causó inundaciones catastróficas cuando los diques cedieron, sumergiendo el 80% de Nueva Orleans. La población de la ciudad cayó en picada. Incluso hoy en día, con una población de unos 394.000 habitantes, Nueva Orleans tiene apenas el 79% de su población pre-Katrina. Algunas vecindades, como Lower 9th Ward, ni siquiera han recuperado la mitad de su población, según el Data Center of New Orleans.

Queda por ver si, tras el paso del huracán Ida, los habitantes se moverán a zonas cercanas o más tierra adentro. Y hay que tomar en cuenta que muchos serán desplazados por factores ajenos a la tormenta, como oportunidades de trabajo o el costo de la vivienda, enfatizó el director ejecutivo del Data Center, Lamar Gardere.

Si bien las cifras censales más recientes indican que el crecimiento poblacional de Luisana de 2,7% en 10 años está por debajo del promedio nacional de 7,4%, ese crecimiento se ha dado más que nada en la parte sur del estado, incluyendo los alrededores de Nueva Orleans y los suburbios de Baton Rouge.

Eso despierta la incógnita de si la gente se está yendo por tormentas o por otras causas, expresó Gardere en un email.

“Es curioso que, incluso entre los que se fueron de Nueva Orleans y nunca regresaron, muchos eventualmente se asentaron en localidades cercanas, lo que parece indicar que se desplazaron más por motivos económicos que climáticos”, añadió Gardere.

En LaPlace, Bridget Dinvaut ayudaba a su hermana a sacar sus pertenencias de su vivienda destrozada.

Dinvaut, fiscal general local, dice que entiende las razones por las que mucha gente quiere irse.

“Es algo desgarrador, terrible, el daño es tan devastador. Por lo tanto la reacción lógica es ‘Yo me quiero ir de aquí’”, comentó Dinvaut.

Sin embargo, es optimista en cuanto a las posibilidades de reconstrucción de la zona, especialmente después del anuncio de la barrera contra inundaciones.

Y, en Bayou Grand Caillou, la madre de Coy Verdin, Kathy Verdin, dice que no está lista para mudarse a otro sitio.

“Yo no creo que me voy a ninguna parte”, expresa la mujer, apoyada en la camioneta pickup frente a su vivienda. Haciendo un gesto hacia el agua cercana, añade: “No hay lugar como éste”.

FUENTE: Associated Press

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