Deforestación en Panamá amenaza corredor biológico americano

AP

En Panamá también arden los bosques. Expertos medioambientales en el país han lanzado esta frase en las últimas semanas para referirse a la provincia de Darién -que colinda con Colombia-, donde miles de hectáreas de bosques son arrasados por la mano del hombre y al margen de la ley, lo que amenaza cada vez más a un importante corredor biológico del continente.

En medio de la preocupación global por los incendios en la Amazonía, la creciente deforestación en el Darién --que alberga el parque de bosque tropical húmedo más grande de América Central- ha encendido las sirenas en Panamá: mientras las autoridades ambientales acaban de divulgar nuevos datos sobre la pérdida de bosques, los científicos afirman que el Darién también “está en llamas” y advierten de los peligros que amenazan a una reserva clave en la región dado que ayuda a capturar carbono contaminante.

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Los fuegos provocados por el hombre que destruyen bosques en el Darién se dan principalmente en la época seca, que va desde diciembre a marzo. Sin embargo, la causa más grave de la deforestación tiene que ver con la tala ilegal.

La directora nacional de sistemas de información ambiental, Diana Laguna, dijo recientemente en una entrevista con The Associated Press, que un monitoreo satelital efectuado durante dos meses recientes en Darién determinó de manera preliminar que 20.784 hectáreas de bosques “se han perdido” en esa provincia en los últimos siete años. Aclaró que las causas precisas deben ser establecidas y los resultados del monitoreo validados aún en campo.

“Estas cifras son voces de alerta para tomar decisiones rápidas”, indicó Laguna, quien asumió el cargo adscrito al Ministerio de Ambiente con el nuevo gobierno de Laurentino Cortizo en julio. La funcionaria aseguró que tan pronto asumió el nuevo gobierno se puso en marcha un departamento de monitoreo que debe esbozar un nuevo mapa sobre la cobertura boscosa y las áreas deforestadas a nivel nacional, incluyendo a Darién.

Las autoridades ambientales anunciaron durante la segunda semana de septiembre que se suspendía provisionalmente por un año el otorgamiento de permisos y concesiones forestales en un esfuerzo por detener la tala ilegal de árboles en el Darién y resto del país, así como regular las quemas en la estación seca.

Situado en el extremo oriental de Panamá, Darién tiene una extensión territorial de aproximadamente 16,800 kilómetros cuadrados, poco más del 20% de la superficie total del país centroamericano, y cuenta con más de la mitad de la cobertura boscosa total nacional. Sin embargo, en las últimas tres décadas la tala indiscriminada ha destruido algo más del 20% de los bosques de esa provincia, provocando la desaparición de especies de madera como la caoba y cedro amargo, según estimaciones oficiales.

Darién también comprende la región del Alto Bayano -en la provincia limítrofe de Panamá- afectada por la deforestación en los últimos 40 años después de la construcción de una hidroeléctrica. Además contempla la zona de Chimán, donde comunidades aborígenes wounaan están amenazadas por el avance de la ganadería, según expertos.

“Lo que queda de bosques en Darién puede ser dos tercios de la región (en alusión a esa provincia)”, estimó a la AP Francisco Herrera, exprofesor de Historia y Antropología de la Universidad de Panamá y colaborador del Centro de Estudios y Acción Social Panameño (CEASPA), una ONG. “La ganadería está penetrando todos los rincones cercanos al Parque Nacional Darién y la extracción maderera la acompaña o la estimula”.

“La cifra dada por el ministerio (tras el monitoreo) supone un promedio de 141 kilómetros cuadrados por año (que se pierden), pero las tasas tienden a aumentar en la medida en que el descontrol haga suponer a los ganaderos y campesinos que el territorio es libre para el desarrollo”, precisó Herrera, quien trabaja con campesinos e indígenas en el Darién.

“A ese ritmo que indican las cifras del Ministerio de Ambiente, Darién será un gran potrero en el futuro”, advirtió a la prensa local Stanley Heckadon, científico del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. “No quedará nada”.

Las autoridades ambientales aseguran que los nuevos resultados preliminares de zonas boscosas arrasadas se encuentran en áreas que enfrentan una expansión demográfica descontrolada y de lo que llaman la frontera agrícola, así como en zonas por donde corre la red vial de la provincia.

Las autoridades otorgan permisos comunitarios para el manejo forestal sostenible, aunque muchos campesinos queman cuando están en actividad de caza para acorralar a los animales o los ganaderos cortan los árboles e incentivan los fuegos para luego desarrollar su actividad, según organizaciones ambientales.

En tanto, alrededor de 35.000 hectáreas son utilizadas en Darién para la producción y comercialización de la madera de teca en áreas de potreros sin uso o zonas degradadas, según las autoridades. Muchos, sin embargo, extraen madera ilegalmente en otras zonas o con permisos dudosos desde hace décadas.

“Hemos encontrado en algunas zonas, principalmente en Panamá Este y Darién, que la normativa no se estaba cumpliendo correctamente”, aseguró a la AP Víctor Candavid, el nuevo jefe forestal nacional del Ministerio de Ambiente. Prometió “tomar medidas rígidas”.

De hecho, las autoridades estiman que el 97% de la madera que se tala en el Darién se hace de manera ilegal y apenas el resto cuenta con los permisos ambientales correspondientes.

“Es alarmante... eso lo tenemos que parar”, señaló el ministro de Ambiente, Milciades Concepción. “El Darién es un área muy crítica y el país nos ha exigido que tomemos decisiones verticales sobre el problema de la deforestación”.

El monitoreo aéreo indica que la destrucción de los bosques no ha tocado al Parque Nacional Darién, según Laguna. Los expertos dicen que la creciente deforestación, de todas maneras, pone en riesgo el parque de 5,970 kilómetros cuadrados debido a que se están comprometiendo bosques y acuíferos próximos, la llamada zona de amortiguamiento.

Herrera recalcó que las amenazas provienen de los ganaderos y de las extracciones de madera principalmente en áreas como el Tuira, el río más caudaloso del país y que cruza el Darién. Además, por promotores de palma africana que intentan expandir la producción con indígenas de una comarca de la etnia Emberá-wounaan, agregó.

En abril del año pasado, incendios presuntamente provocados arrasaron 1.000 hectáreas de bosques en el Darién, según la no gubernamental Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza.

El Parque Nacional Darién fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981 y Reserva de la Biosfera en 1983. Por su geología es considerado como puente terrestre entre el sur y norte para numerosas especies de plantas y animales de ambos lados del continente. Además es el hábitat del Águila Arpía, el ave nacional panameña.

Sólo una treintena de guardabosques trabajan en la selvática Darién, cuando lo ideal sería contar con el triple de esa cantidad, según las autoridades.

“Los parques nacionales están débilmente administrados y no pueden contener en su extensión la presión de ganaderos y los extractores, incluyendo los metálicos”, subrayó Herrera, el colaborador de CEASPA. “Además, hay condiciones de corrupción en el sistema que facilita el proceso”.

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