EFE

Cuando se abrieron las puertas de su dormitorio, Moa, una chimpancé de solo 6 años de edad, se adelantó al resto para ver por qué había tanta gente fuera, observando con sus móviles y cámaras fotográficas. Para su sorpresa, había unas cajas de cartón de colores y formas de pingüinos.

Detrás de ella, apareció Max, de 18 años y macho alfa de la manada, que recién el año pasado llegó encabezando al grupo de seis chimpancés a Guatemala provenientes de Suecia. Su deber es asegurar el perímetro y verificar si el resto puede ver qué hay dentro de los paquetes.

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Moa gritaba y saltaba encima del puente de cuerdas que hay entre los juegos de madera y el árbol. Y cuando Max dio el permiso para que los demás fueran a ver qué habían puesto los administradores del Zoológico de La Aurora, de la Ciudad de Guatemala, fue la primera en abalanzarse hacia los regalos.

Era un festín: además de la dieta balanceada diaria, las cajas contenían manzanas, bananos, sorpresas en formas de dulces con maíz, galletas, cereal y pasas dentro.

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Los demás, Mijken (17 años), Madeleine (14), Maya (12) y Malte (6), saltaron y sonrieron mientras cargaban las cajas y metían la mano dentro de los calcetines de Santa Claus para seguir sacando las sorpresas y compartir un día navideño en conjunto, mientras los asistentes se maravillaban de las actitudes de los mamíferos.

Cerca del área de chimpancés, caminando lentamente, salió de su guarida la elefanta de 56 años "Trompita", que miraba de reojo los regalos que le habían colocado. El murmullo del público creció cuando mostró una sonrisa y movió alegremente cola y orejas.

Primero colocó su trompa encima de la caja más grande y sacó la hojarasca que había encima y abriendo la boca y ojos con emoción, tomó las mazorcas, bananos y manías que le habían regalado los administradores y su cuidador y "amigo de toda la vida", Romeo, conocido en el mundo circense como "Tarzán López".