Las estrellas de Hollywood que aceptan un papel en cualquiera de las franquicias de superhéroes de Marvel o D.C. saben que el abultado cheque que recibirán viene acompañado de la obligación de dejarse la piel en el gimnasio, y la gran mayoría aceptan encantadas esa condición e incluso se animan a documentar sus progresos a través de las redes sociales. Sin embargo, cuando January Jones se hizo con el personaje de Emma Frost en 'X-Men: primera generación', se negó a pasar por el aro.
En un principio la actriz de 'Mad Men' parecía la candidata perfecta para ese trabajo, porque su propio padre había sido entrenador y había tratado de inculcar siempre a sus hijas su pasión por el deporte, pero resulta que en su caso las apariencias engañan. Y mucho.
"Es cierto que, de pequeñas, mis hermanas corrían y yo jugaba al tenis, y todos practicábamos natación, pero en el día a día no entrenaba, jamás", ha confesado en una nueva entrevista a Shape para reconocer que su físico privilegiado es resultado de una combinación de genética y suerte más que del esfuerzo y la constancia.
"Ni siquiera lo hice cuando rodamos 'X-Men', y eso que habían contratado un entrenador personal para cada uno. Yo mentía y decía que iba a quedarme en mi habitación de hotel haciendo los ejercicios que me habían dado, y en realidad me pasaba el rato viendo 'Friends' y pidiendo que me subieran el té de las cinco".
Lo único que consiguió eventualmente que January incorporara el pilates a través del método Lagree a su rutina semanal fue el nacimiento de su hijo Xander, que ahora tiene ya 8 años.
"Quería volver a sentirme fuerte porque mi cuerpo había cambiado mucho. Además, según fue creciendo, me vi llevando en brazos a un niño que pesaba diez o doce kilos y mi espalda y mi postura comenzaron a resentirse".
Al margen de las cuatro clases a las que acude semanalmente, la intérprete se cuida tratando de comer sano, con una alimentación basada en productos orgánicos y en la que predominan las verduras.
"No me privo de nada. Si me apetece algo, un buen filete o un bagel, me lo como. No sigo ninguna dieta o unas reglas estrictas. Lo único que hago desde el invierno pasado es beber a diario zumo de apio y he notado una mejora evidente en mi nivel de energía, en mi piel, mi digestión y mis patrones de sueño", ha reconocido.




