Cultura Cultura -  14 de marzo 2014 - 10:42hs

Mexicanos descargan malamores en museo

MÉXICO (AP) — Algunas son fugaces pero intensas, otras duraderas pero sin chispa. Unas tienen su dosis de mentiras. Las hay incluso a distancia y vienen en formato familiar, de amistad o de pareja. Pero sin importar su naturaleza, las rupturas son aleccionadoras y dejan vestigios que pueden resultar dolorosos.

Eso explora El Museo de las Relaciones Rotas, una iniciativa concebida en Croacia que, a través de la donación de artículos, pretende liberar a las personas de los fantasmas en que pueden convertirse los recuerdos que se conservan al término de una relación.

La muestra, inaugurada el jueves en el Museo del Objeto del Objeto de la capital mexicana, llega por primera vez a México, donde ya impuso una marca: el país registró el mayor número de donaciones que el museo ha recibido desde su creación hace más de una década, con 1.502 objetos. El récord previo, ostentado por Francia, era de 153 piezas.

Solo 120 de los objetos donados se exhiben en México con sus respectivas historias. Entre ellos destacan un vestido de novia a medio quemar que pone final a unas "Navidades lúgubres, tu ausencia mientras nuestra segunda hija fallecía", según la descripción; un mechón de cabello que libera del luto al tiempo que celebra el más grande amor de una mujer, y un millar de aves de que papel recuerdan una intensa relación juvenil.

"En el mundo atravesamos por esto de manera distinta, pero hay una sensación universal de esperanza en volver a enamorarnos", dijo Olinka Vistica, quien creó el museo con su ex pareja Drazen Grubisic, cuando rompieron luego de cuatro años juntos.

"Esta exhibición es como un templo público donde puedes compartir tus historias y sentirte entendido", agregó el miércoles en conversación con la Associated Press durante un recorrido para prensa.

El Museo de las Relaciones Rotas tiene su sede en la ciudad croata de Zagreb, pero la necesidad de explorar la universalidad de sentimientos como la pérdida y la esperanza llevó a sus creadores a visitar una veintena de países.

"No veo ninguna diferencia en las emociones", señaló Grubisic. Desprenderte del objeto "es un proceso que te ayuda a saber que has finalizado con la relación".

Liliana Sánchez Leyva liberó el millar de grullas de papel que su novio hizo y le obsequió pocos días después de que terminaran su noviazgo de dos años.

"Representan lo que aprendí con él", indicó la chica de 21 años sobre las 1.000 aves que pendían de hilos y que fue una de las piezas más fotografiadas. "(Me) sentí feo cuando las dejé ir, pero lo que dejo ir, lo dejo con amor. Es la manera de deshacerme de esa aparte de mi vida".

Para los creadores, el museo les ha permitido identificar las barreras culturales en torno a las pérdidas. Una de las más comunes es el estigma de que los hombres no deben padecer una relación.

"Se nos educa para no hablar de eso", dijo Grubisic.

Juan Pablo Villaseñor rompió con esa idea al donar una pequeña motocicleta de juguete hecha de madera que le regaló su ex novia después de un accidente.

"Desde los cinco años no lloro, (donarla) fue como llorar", dijo Villaseñor. "Acabo de cerrar el ciclo de dolor, pero cuando vi el objeto hoy no esperaba sentir lo que sentí: el corazón (haciendo) bum, bum", confesó el director creativo de 34 años.

La variedad de objetos llevan al espectador por una montaña rusa de emociones, pues en una misma sala conviven piezas que desatan risas con otras capaces de llevar al llanto.

Una pequeña pintura representa el "regalito" que le dejaron a una mujer: una enfermedad venérea. "¡Gracias imbécil! Y como no puedo regalar este virus porque eso implicaría arrancarme la vagina, la entrego en este cuadrito", se lee en la breve historia.

Unos metros más allá está "Bolsa de ropa", con las prendas de una pareja fallecida en manos del hampa, ella en el asalto, él 72 días después, según cuenta la hermana del hombre en la ficha de la pieza, en la que incentiva a su madre a "dejarlo ir todo".

"La violencia rompió la relación con mi hijo. Dejo aquí la ropa que entregaron en el hospital el día que murió. Nunca lo olvidaré ni dejaré de llorarlo", agrega en la ficha la madre, quien guardó las prendas durante 15 años.

Vistica ve su iniciativa como una vitrina para ventilar tristezas.

"Todo el mundo se quiere ver feliz en Facebook", dijo, "pero la gente que está sola no tiene espacio para su melancolía, su nostalgia, que son sentimientos hermosos y que nos hacen creativos".