Numerosas atletas han evidenciado en los últimos años las dificultades que tienen las mujeres del deporte para poder compaginar sus aspiraciones y responsabilidades profesionales con la maternidad. Algunas de ellas, por tanto, han optado por dar continuidad a sus carreras deportivas para posponer, o incluso renunciar, a sus deseos íntimamente relacionados con su vida personal.
La nadadora catalana Ona Carbonell denunció el pasado verano que la organización de los Juegos Olímpicos de Tokio no le había permitido viajar a la capital japonesa con su hija, nacida pocos meses antes, para poder combinar sus entrenamientos con la lactancia: un bache más que, aunque en este caso se explicaba con las restricciones ligadas al coronavirus, volvió a poner de manifiesto la desigualdad de género en el ámbito deportivo.
Ahora, la campeona de halterofilia Lydia Valentín, medallista olímpica hasta en tres ocasiones, ha querido poner de relieve esta dura realidad sacando a relucir su propia experiencia personal. Y es que la deportista leonesa ha revelado en su última entrevista que "hasta la fecha" ella no se planteó ser madre por decisión propia, pero también como consecuencia de las trabas que trae consigo tratar de conciliar el deporte de élite y la maternidad.
"No he sido madre porque no he querido. Es que tienes que terminar unos Juegos Olímpicos y decidir si te quieres quedar embarazada para que, cuando terminen, poder tener un año para dar a luz, cuidarlo y recuperarte", ha asegurado Lydia en conversación con Alberto Chicote, presentador ahora de un espacio de entrevistas llamado 'Fuera del mapa'. "Me he perdido una vida normal, el peaje que tienes que pagar es grande", ha señalado sobre una trayectoria deportiva de la que, por otro lado, no se arrepiente en absoluto.
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