Kathleen Turner

Showbiz

Echando mano de su particular sentido del humor y, sobre todo, de la transparencia que siempre le ha caracterizado a la hora de analizar algunos de los capítulos más destacados de su dilatada trayectoria, la actriz Kathleen Turner (64) no ha tenido reparo en reflexionar sobre los cambios físicos que ha venido experimentando con el paso de las décadas y lo mucho que se alegra de no haber recurrido nunca a la cirugía estética, a diferencia de ciertas compañeras de profesión, para tratar de sortear temporalmente los inevitables estragos asociados al transcurso del tiempo.

"Creo que estoy envejeciendo bastante bien, por lo menos de momento", ha asegurado la protagonista de la inolvidable 'La guerra de los Rose' en conversación con el diario británico Daily Mirror, dejando bien claro que se siente muy cómoda con su físico y, sobre todo, con esa expresividad facial de la que a su juicio carecen otras estrellas del celuloide.

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"Faye Dunaway me dijo una vez que si no empezaba a hacerme retoques estéticos una vez llegara a los cuarenta, a partir de ahí sería demasiado tarde para arreglar nada. Y yo le contesté: 'Vale, bien, no lo haré entonces. No quiero ser como Cher, con una cara que no cambia ni se mueve'. La verdad es que me encuentro muy bien y contenta de ser como soy", ha aseverado.

La carismática intérprete estadounidense, quien también dio vida a uno de los primeros personajes transexuales de la televisión al encarnar al padre de Chandler Bing en la serie 'Friends' -aprovechando para ello su grave tono de voz y la exuberante figura que lucía a finales de los noventa-, también ha querido expresar su satisfacción ante la escasa vigencia temporal que tuvo su condición de mito erótico: un título que en su opinión solo servía para desviar la atención de sus habilidades interpretativas y, por otro lado, para que muchas de sus decisiones profesionales acabaran escapando de su control.

"Afortunadamente solo se me consideró una sex symbol durante un período muy breve de tiempo, y yo misma luché con todas mis fuerzas para desmarcarme de esa etiqueta reduccionista. Cierto es que el poder de mi atractivo físico me ayudó a conseguir ciertos papeles, pero al mismo tiempo me limitaba demasiado a la hora de buscar trabajo, restringía mis opciones. Luego, y al igual que otras mujeres mayores, caí en la invisibilidad porque a nosotras no se nos toma tan en serio como a los hombres de nuestra generación", ha señalado en la misma conversación.

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