Los duques de Sussex

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Antes de tomar la decisión de abandonar la monarquía británica para mudarse primero a Canadá y más tarde a California, los duques de Sussex habían llevado a cabo unas extensas reformas en una casita de campo conocida como Frogmore Cottage y situada en el corazón de los terrenos que rodean el castillo de Windsor.

Ese traslado no estuvo exento de polémica debido a los extremos a los que llegaron el príncipe Enrique y Meghan Markle para garantizar su comodidad y privacidad en unos jardines que, en ocasiones puntuales, abren sus puertas al público.

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Los rumores al respecto llegaron hasta tal punto que el palacio de Buckingham decidió enviar un comunicado en el que aclaraba que las obras no se habían financiado exclusivamente con la suma anual que la reina recibe del gobierno británico, y que sale por tanto del dinero de los contribuyentes.

En realidad, la corona solo pagó los trabajos para mantener y renovar la estructura, según es su obligación con todos los palacios históricos a su cargo, y el resto -desde la decoración a las mejoras que no se consideraron de "primera necesidad"- corrieron a cargo de la pareja.

Ahora Enrique y Meghan han confirmado a través de un portavoz que han devuelto la cantidad íntegra que les 'prestó' Isabel II en forma de una "contribución" al 'Sovereign Grant', como se denomina a ese fondo o subvención que se le entrega a la soberana.

Tras instalarse temporalmente en Nottingham Cottage, que se encuentra en el complejo del palacio de Kensington, en Londres, el matrimonio quiso que su desvinculación de los duques de Cambridge quedara reflejara en su lugar de residencia, eligiendo una lejos de la capital. También se ha confirmado que Frogmore Cottage seguirá siendo su base de operaciones de cara a las temporadas que pasen en Reino Unido.

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