¿Existe el mal gusto? ¿Hay objetos que, de feos e inútiles, se convierten en perversos? ¿Quién decide si algo es vulgar? Esas son las preguntas que lanza una exposición del Museo del Mueble de Viena a través de docenas de utensilios que van desde lo "kitsch" a lo sexista y racista.