Entre flores, música y mezcal, cerca de un centenar de indígenas nahuas de México se enfrentaron a puño limpio en la plaza principal del pueblo de Zitlala, en la región de Guerrero (sur), en un singular festejo anual conocido como "Martes del Carnaval".
Hombres, mujeres y niños, vestidos con faldas típicas de las mujeres nahuas y ataviados con máscaras, se concentraron en una suerte de coliseo preparado en la plaza central de Zitlala, un pueblo de unos 20.000 habitantes ubicado a 193 km de la Ciudad de México.
Una o varias parejas simultaneas se enfrentaron por más de cuatro horas en cruentas peleas que solo concluían cuando alguno de los contrincantes se rendía o de plano caía noqueado en el piso.
Esta fiesta ancestral surgió hace más de 500 años para conmemorar las batallas frecuentes con los aztecas que llegaban a sus comunidades a pedir tributo y a robarse a sus mujeres.
Para proteger a sus hijas, hermanas y novias los hombres del pueblo se vestían con faldas tratando de engañar a los invasores y luego se enfrentaban con ellos a golpes, explicó José, un indígena sexagenario que ha participado en estas luchas desde que tenía 17 años.
Los luchadores, que vienen de varias comunidades de las montañas de Guerrero, buscan a su rival, lo miran directamente a la cara, lo retan y en cuestión de segundos saltan al ruedo para enredarse en violentos enfrentamientos, que en mucho casos terminan con brotes de sangre.
El derramamiento de sangre es parte necesaria de esta celebración, que forma parte del sincretismo en el que se fundieron las creencias indígenas y la religión católica, como una ofrenda a los dioses y los santos para que ayuden a que lleguen las lluvias para la siembra de maíz, frijol y calabaza, que está por comenzar.
Las peleas son acompañadas de bandas de viento que amenizan la multitudinaria fiesta, completada con abundante comida, flores y velas.
FUENTE: AFP




