Antes de que Scott Walker renunciara a sus aspiraciones presidenciales, sus rivales republicanos por la Casa Blanca ya se disputaban los restos de una campaña que al principio parecía tomar vuelo.
Los adversarios de Walker hablaban abiertamente sobre los obstáculos que enfrentaba el gobernador de Wisconsin al reunirse la semana pasada en California para el debate presidencial. Apenas anunció formalmente el lunes que abandonaba la contienda, las maniobras se intensificaron.
Mientras Walker hablaba en conferencia de prensa en Wisconsin, uno de los copresidentes de su comité de finanzas, Anthony Scaramucci, ya recibía llamadas telefónicas de cinco campañas, incluso de tres candidatos en persona.
"Por respeto a (Walker), quiero hablar con él antes de hacer algo con algún otro", dijo Scaramucci, quien se disponía a recibir a varios recaudadores de fondos neoyorquinos de Walker.
Pocas horas después, varias campañas habían avanzado de comunicarse con el equipo de Walker a jactarse de cuántos de sus miembros habían logrado atraer. El senador texano Ted Cruz habló de sus avances en Iowa, Georgia y Nevada. Expartidarios de Walker en Iowa y New Hampshire dijeron que apoyarían al senador por Florida Marco Rubio.
El exgobernador de Florida Jeb Bush dijo que Walker era un "gran servidor público" y a continuación pidió el apoyo de sus seguidores. Walker tenía una organización grande en Iowa, con dirigentes en sus 99 condados y Bush dijo que él y su equipo aspiraban a ganarlos.
"Ese ha sido parte de nuestro esfuerzo esta tarde y hacia adelante", dijo Bush a la prensa después de un evento de campaña en el norte de Iowa. "Estamos haciendo un gran esfuerzo por ganarlos".
Tras advertir el lunes que la campaña de 2016 se había vuelto demasiado sucia, Walker dijo que exhortaba a otros precandidatos presidenciales republicanos a seguir su ejemplo "para que los votantes puedan concentrarse en un número limitado de candidatos que puedan presentar una alternativa conservadora positiva al actual favorito", en alusión a Donald Trump.



