WASHINGTON Internacionales -  2 de febrero de 2017 - 22:43

Trump la hace de policía malo; su gabinete la hace de bueno

Los roces de Donald Trump con aliados tan cercanos como México y tan improbables como Australia dejan a su nuevo secretario de Estado y a otros funcionarios de su gabinete la tarea de reparar los daños potenciales. Es una dinámica de policía bueno y policía malo que podría definir la política exterior estadounidense para los próximos cuatro años.

Las primeras dos semanas del presidente Trump en el cargo han hecho perder la calma a aliados y enemigos extranjeros por igual —e incluso a miembros de su propio partido, empezando con su orden de suspender temporalmente el ingreso de refugiados a Estados Unidos y detener la inmigración de siete países de mayoría musulmana.

Las preocupaciones aumentaron durante los últimos días debido a sus disputas personales con líderes extranjeros y la declaración de que Irán está ahora "sobre aviso" de posibles acciones estadounidenses.

"Es hora de ponernos un poco duros, amigos", declaró Trump el jueves en un evento llamado National Prayer Breakfastat, luego de que surgieron detalles indecorosos sobre sus llamadas telefónicas privadas con los mandatarios de México y Australia. "Se aprovechan de nosotros prácticamente todas las naciones del mundo. Ya no va a suceder".

Trump hizo sus terminantes declaraciones un día después de que se diera a conocer una tensa discusión con el primer ministro australiano Malcom Turnbull, en la que el nuevo presidente estadounidense arremetiera contra un acuerdo de la era de Obama que enviaría a Estados Unidos a cerca de 1.600 solicitantes de asilo.

La disfunción diplomática fue clara. Minutos después de que la Embajada de Estados Unidos en Canberra asegurara que el acuerdo seguía en pie, Trump parecía contradecir ese mensaje al tuitear que: "¡Yo revisaré este absurdo acuerdo!"

También surgieron nuevos detalles sobre los tensos lazos entre Estados Unidos y su vecino del sur. Había enfado de ambas partes de antemano por la cancelación de una visita del presidente Enrique Peña Nieto a Washington luego de que Trump afirmara que la visita dependía de que México accediera a pagar por el muro fronterizo.

En una llamada telefónica subsecuente, Trump advirtió a Peña Nieto que estaba dispuesto a enviar tropas estadounidenses para frenar a los "bad hombres allá" si las fuerzas militares mexicanas no pueden controlarlos, según se enteró The Associated Press. La Casa Blanca señaló que los comentarios fueron hechos de manera "desenfadada". Pero funcionarios del gobierno describieron las llamadas a ambos líderes como ríspidas.

Algunos de los aliados más importantes de Estados Unidos subrayan el énfasis de Trump en la dureza y en negociaciones más fuertes, temas dominantes de su política exterior de "Estados Unidos primero".

En Naciones Unidas, la embajadora de Trump para la ONU, Nikki Haley, dijo que Estados Unidos "hará una lista" de países que "no nos apoyan". Su asesor en seguridad nacional, Michael Flynn, realizó una visita sorpresa a la sesión informativa diaria en la Casa Blanca para poner "oficialmente" a Irán "sobre aviso" después de su prueba de un misil balístico. Trump amplió las declaraciones de Flynn el jueves al indicar que "nada está descartado" cuando se trata de una potencial respuesta estadounidense.

Pero los diplomáticos del país se conducen con más flexiblidad.

Rex Tillerson, en su primer día como secretario de Estado, reconoció en un discurso para el personal diplomático que muchos de ellos se oponen a algunas posturas de Trump.

El ex director general de Exxon Mobil ofreció una rama de olivo a cientos de diplomáticos que firmaron un cable en que el expresaron su oposición al decreto de Trump sobre inmigración y refugiados. "Cada uno de nosotros tiene derecho a expresar sus creencias políticas", dijo. Pero "no podemos dejar que nuestras convicciones personales obstruyan nuestra capacidad de trabajar como equipo".

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