La capital de China, Beijing, comenzó a hacer pruebas a millones de residentes y cerró distritos comerciales y de negocios el lunes por un nuevo brote de COVID-19.
Los vecinos se quedaban en casa y hacían acopio de comida como precaución ante la posibilidad de que se les confinara en su domicilio, como ha ocurrido en varias ciudades, como el núcleo financiero de Shanghái.
En los supermercados del centro de la capital se formaron largas filas. La gente compraba arroz, tallarines, verduras y otros artículos, mientras los trabajadores de las tiendas reponían con rapidez estantes vacíos. Medios estatales indicaron que seguía habiendo suministros de sobra en Beijing pese al pico de compras.
Los clientes parecían preocupados pero no en pánico por el momento. Una mujer que llevaba dos bolsas de verduras, huevos y empanadillas congeladas dijo que había comprado un poco más de lo habitual. Un hombre dijo que no estaba preocupado, pero estaba siendo prudente porque tenía una hija de dos años.
Beijing reportó 19 casos nuevos el día anterior, lo que elevaba a 47 el total entre el viernes y el domingo.
Shanghái, que lleva más de dos semanas en cuarentena, reportó más de 19,000 nuevos contagios y 51 muertes en las 24 horas previas. Eso hizo que la cifra de fallecidos en este brote superase el centenar.
La ciudad de Anyang, en el centro del país, y Dandong, en la frontera con Corea del Norte, también anunciaron cuarentenas conforme la variante ómicron se extendía por el amplio país.
Las fronteras de China se mantienen en gran parte cerradas debido a su firme estrategia contra el virus, y el impacto económico de la pandemia sigue creciendo.
FUENTE: Associated Press




