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Preocupa en Arizona el acceso al agua del río Colorado

Muchas ciudades de Arizona que usan agua del río se preparan para lo inevitable, conscientes de que tendrán que disminuir su consumo.

El abuelo de Robbie Woodhouse empezó a cultivar una granja junto al río Gila, cerca de Yuma, a mediados del 1920, excavando algunos mezquites para despejar el terreno y poder plantar cebada, trigo, algodón y melones.

La operación nunca despegó en la granja de Woodhouse, hasta 1954, en que el gobierno federal terminó de construir un canal de 120 kilómetros (75 millas) para llevar agua del río Colorado en lo que se conoce como el Distrito Wellton-Mohawk de Irrigación y Drenaje, que abarca 23.600 hectáreas al este de Colorado, junto al río Gila.

Hoy, Woodhouse preside la junta directiva de un distrito con más de 120 operaciones agrícolas que cultivan unos 100 vegetales. El de Wellton-Mohawk es uno de seis distritos agrícolas de la región de Yuma, que produce el 90% del coliflor, la lechuga, el brócoli y otros vegetales de invierno que se venden en Estados Unidos.

Pero ahora el futuro de este distrito, de los cultivos de Yuma en general y de la segunda fuente de agua potable más grande que tienen los residentes urbanos de Arizona está rodeado de incertidumbre. Debido a demoras en las negociaciones entre varios estados en torno a la reducción del uso de las aguas del río Colorado, los granjeros y las ciudades no saben a cuánta agua tendrán que renunciar, posiblemente a partir del año que viene.

Todos los distritos de riego de Yuma dependen en su totalidad del agua del río Colorado.

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“Obviamente estamos muy, muy preocupados”, declaró Woodhouse, cuyo campo de 505 hectáreas produce mayormente coliflor, brócoli y lechuga. “Pero no diría que estamos asustados. Sentimos la obligación de aportar lo nuestro”.

Las ciudades de Arizona más dependientes del Colorado (Tucson, Goodyear y Scottsdale) reciben el agua través de un sistema de canales de 540 kilómetros (336 millas), de 4.000 millones de dólares, manejado por el Central Arizona Project, que va del río a la zona de Phoenix y Tucson.

Estas ciudades tienen reservas de agua, sobre todo subterráneas, que pueden ayudar a corto y mediano plazo en caso de tener que reducir el uso de agua del río. A largo plazo, sin embargo, el panorama es más incierto.

Arizona recibió el 36% de su suministro total de agua del río en el 2020. Esa cifra disminuyó desde entonces, al entrar en vigor un Plan de Contingencia para Sequías, una iniciativa federal que reducirá en un 21% la cantidad de agua que consume el estado a partir del 2023. Se espera que el consumo baje más todavía en el futuro, aunque nadie sabe cuánto.

Tanto agricultores como las ciudades de Arizona coinciden en que los estados de la cuenca del Colorado y el gobierno nacional no han hecho lo suficiente para reducir el consumo de agua.

“La Oficina de Manejo del Agua (Buerau of Reclamation) tiene que mostrar liderazgo y decir lo que hay que hacer, darnos un mapa de ruta sobre cómo se protege el sistema, como prometió la comisionada” de esa dependencia Camille Touton, expresó Wade Noble, un abogado que representa los distritos de riego de la zona de Yuma.

Al no haber novedades, algunos en Arizona desconocieron su compromiso de no tocar el agua del lago Mead. Tucson, por ejemplo, dijo que exigirá toda el agua que le corresponde en el 2023. Lo mismo hizo la Comunidad Indígena del Río Gila.

Muchas ciudades de Arizona que usan agua del río se preparan para lo inevitable, conscientes de que tendrán que disminuir su consumo. Goodyear, ciudad de 101.000 habitantes, por ejemplo, tiene reservas de agua que cubrirían siete años y no anticipa problemas a corto plazo, según Ray Díaz, a cargo del manejo del agua de la ciudad.

Otro tema inquietante es un estudio de la Oficina de Manejo de Agua que reveló que, con el calentamiento global, es posible que la cantidad de nieve que se derrite en las montañas del sudoeste y alimenta los ríos disminuya y haya menos agua para llenar los embalses.

FUENTE: Associated Press

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