Una iniciativa para conceder nuevos poderes militares a la misión emprendida hace 9 meses por el gobierno de Obama contra el grupo Estado Islámico se ha quedado atorada en el Congreso. Incluso puede que esté acabada.
Al presidente, Barack Obama, no parece importarle. Y aunque los legisladores digan que no quieren renunciar a la autoridad de su comandante en jefe para utilizar al ejército, tienen poco interés en tener lo que sería la primera votación sobre una guerra que celebra el Congreso en 13 años.
Hace poco le preguntaron al senador Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, si el Congreso seguía trabajando en un nuevo AMUF.
"¿Qué significa eso?", bromeó, sabiendo que eran las siglas en inglés de Autorización para el Uso de la Fuerza Militar. Pero su respuesta era reveladora.
Después de que Obama ordenase en agosto los ataques aéreos en Irak, y en septiembre sobre Siria, contra los milicianos del grupo Estado Islámico, los legisladores se quejaron de que había justificado esa orden con los antiguos poderes militares emitidos para autorizar conflictos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Hoy, apenas se habla de ello en el Capitolio.
"No soy optimista. Ojalá lo fuera", comentó a AP el congresista Adam Schiff, principal demócrata del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes. "La cuestión es que no hay interés o voluntad política real para hacerlo".
Schiff afirmó que el Congreso tiene mucho que perder si no lo hace.
"Como institución, somos los que van a sufrir porque los futuros presidentes van a mirar a esto y decir, 'No necesitamos al Congreso para hacer una guerra'. Es un precedente terrible", dijo.
El congresista cree que si no se aprueba una nueva autorización, el Congreso actual habrá hecho más por debilitar su poder sobre el ejecutivo que cualquier otra legislatura.
En la lucha contra el grupo Estado Islámico, Obama ha dependido de autorizaciones del Congreso entregada al entonces presidente George W. Bush para la guerra contra Al Qaeda y la invasión de Irak. La Casa Blanca señaló que estos permisos daban autoridad a Obama para actuar sin una nueva autorización del Congreso, según la ley de 1973 sobre poderes militares.
Esa ley, aprobada durante la guerra de Vietnam, sirve como supervisión constitucional sobre el poder del presidente para declarar una guerra sin consentimiento del Congreso. El texto requiere que el presidente notifique al Congreso en las 48 horas siguientes a una acción militar y limita el uso de las fuerzas armadas a no más de 60 días, a menos que el Congreso autorice el despliegue o declare una guerra.
Las voces críticas señalan que en el mejor de los casos, la Casa Blanca está en el límite de la legalidad al recurrir a las autorizaciones posteriores al 11 de septiembre de 2001.
Obama ha insistido en que tiene base legal para enviar a más de 4.000 soldados estadounidenses a formar y asistir a las fuerzas de seguridad iraquíes y lanzar miles de ataques contra objetivos en Irak y Siria. Pero también dijo que daría la bienvenida a una nueva autorización que cubra las operaciones actuales.
En general, los conservadores quieren que el Congreso apruebe amplias medidas para que el presidente combata a los milicianos de Estado Islámico sin límites a desplegar personal sobre el terreno. Alegan que prohibir el empleo de tropas de combate o restringir la lucha a Irak y Siria sólo alienta a los milicianos, que tendrían un refugio seguro fuera de las fronteras de esos países.
Otros parlamentarios quieren que cualquier nuevo poder militar se vea estrictamente limitado para que el presidente tenga autoridad de formar y equipar a fuerzas locales, así como para lanzar ataques aéreos, pero no para lanzar una misión de combate sobre el terreno.
Los combates en Irak se recrudecieron este fin de semana con la caída de la ciudad de Ramadi el domingo ante el grupo Estado Islámico, y las fuerzas iraquíes abandonaron sus armas y vehículos blindados para huir de la capital provincial, en una gran derrota pese a los ataques aéreos liderados por Estados Unidos.
La cuestión de los poderes militares despertó mucho interés en el Capitolio el año pasado.
El Comité de Relaciones Exteriores del Senado llamó a declarar a miembros del gobierno. Al final aprobó una autorización el 11 de diciembre, pero estaba claro que el texto no llegaría a la cámara antes de que terminara ese periodo legislativo.
El plan era esperar hasta que el nuevo Congreso estuviera instalado en enero. Después, los legisladores decidieron esperar hasta que Obama enviara al Congreso un borrador por escrito sobre lo que quería en una nueva autorización. El documento se envió en febrero, pero encontró poca reacción.
Varios congresistas hicieron circular una carta hace poco para intentar generar apoyo en la cámara, pero no tuvieron éxito.
El senador Corker señaló que ningún demócrata respalda la propuesta "limitada" que envió Obama al Congreso, que solicita tres años de uso del ejército no restringido por fronteras nacionales, pero no autoriza operaciones de tierra a gran escala.
Y algunos republicanos, que no creen que la Casa Blanca tenga una estrategia en Siria, no quieren limitar la autorización para que no parezca que "aceptan una no-estrategia en Siria". Cualquier nuevo permiso, indicó Corker, no se referiría a acciones militares estadounidenses ya en marcha en la región.
"Se trata de limitar al próximo presidente", dijo.
FUENTE: Associated Press




