Japón llamó este viernes a consultas a su embajador en Corea del Sur para protestar por la instalación frente a su consulado en Busán (sur) de una estatua en homenaje a las víctimas de la esclavitud sexual durante la expansión japonesa en la Segunda Guerra Mundial.
El tema envenena las relaciones entre Seúl y Tokio desde hace décadas. Numerosos surcoreanos ven en ello el símbolo de los abusos y la violencia cometida por Japón durante su expansión colonial, de 1910 a 1945.
"Japón y Corea del Sur confirmaron el acuerdo concluido en 2015 que resolvía el tema de las mujeres de consuelo de manera definitiva e irreversible. A pesar de ello, se colocó una estatua (en Busán), lo cual tiene consecuencias deplorables para las relaciones entre los dos países", declaró el portavoz del gobierno japonés, Yoshihide Suga, en una conferencia de prensa.
Además del llamado a consultas del embajador Yasumasa Nagamine, Suga precisó que Japón también había llamado a su cónsul general en Busán y suspendido conversaciones bilaterales en materia monetaria.
"El gobierno japonés considera que se trata de una situación altamente lamentable", dijo el vocero, y añadió que urgiría "con firmeza al gobierno de Corea del Sur y a las autoridades municipales correspondientes que retiren rápidamente la estatua".
Corea del Sur calificó por su parte la decisión de Tokio como "muy lamentable". El portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Cho June-hyuck, insistió no obstante que Seúl continuaría "desarrollando las relaciones entre Corea del Sur y Japón con confianza mutua".
La mayoría de los historiadores calculan que unas 200.000 mujeres asiáticas fueron convertidas en esclavas sexuales por Japón.
Procedentes de Corea, China, Filipinas u otros países, las mujeres fueron obligadas a trabajar en los burdeles del ejército imperial japonés.
Gran parte de las chicas reclutadas en Corea tenían entre 14 y 18 años. Después de la guerra, muchas sobrevivientes ocultaron la traumática experiencia.
Los dos países concluyeron un acuerdo "definitivo e irreversible" según el cual Japón se disculpó y pagó 1.000 millones de yenes (unos 8,8 millones de euros) en compensación para financiar una fundación de ayuda a los sobrevivientes.
Tokio niega sin embargo toda responsabilidad oficial en la conducta de los burdeles y rechaza las propuestas de Seúl de discusiones bilaterales para estudiar las peticiones de las sobrevivientes.
La estatua colocada el 28 de diciembre en la ciudad portuaria de Busán por militantes surcoreanos es una copia de la que se instaló enfrente de la embajada de Japón en Seúl.
Las autoridades locales la retiraron, pero cambiaron luego de opinión y dejaron que los activistas la instalaran de nuevo.
Este cambio vino suscitado por la visita de la ministra de Defensa de Japón, Tomomi Inada, al polémico santuario de Yasukuni de Tokio el 29 de diciembre.
El santuario, que honra la memoria de los 2,5 millones de soldados japoneses muertos desde la mitad del siglo XIX, es controvertido en Asia desde que en 1978 se inscribieron, a escondidas, los nombres de 14 criminales de guerra condenados por los aliados tras la Segunda Guerra Mundial.
El monumento de Seúl, una representación en bronce de una mujer sentada con un pequeño pájaro posado en un hombro, es muy popular en Corea del Sur.
Japón estima que debería haber sido retirada tras la firma del acuerdo, pero Seúl dice que sólo había aceptado estudiar esa posibilidad. Desde hace un año, militantes montan guardia las 24 horas para impedir que sea retirada.
En Corea del Sur pueden verse más de veinte monumentos de este tipo. También hay una decena en otros países, entre ellos Estados Unidos y Canadá.
FUENTE: AFP




