El conservador Partido de la Independencia del primer ministro Bjarni Benediktsson llega a las elecciones anticipadas de mañana en Islandia, las segundas en un año, en cabeza en los sondeos, que no ofrecen mayorías claras para gobernar.
Las encuestas apuntan a un triunfo de los conservadores, tradicionales dominadores de la política islandesa, por delante del Movimiento de Izquierda Verde, que aparecía como ganador hasta hace pocos días, e insinúan que las formaciones de centro pueden ser clave para decantar el color del próximo ejecutivo.
El último sondeo del diario "Frettabladid" da ganador al Partido de la Independencia, con el 24,1 % -cinco puntos menos que en 2016-, seguido por los rojiverdes, con el 19,2 %; los socialdemócratas (14,3 %), el Partido Centrista (9,6 %) y el Partido Pirata (9,4 %).
Otras dos formaciones de centro, el Partido Reformista y el Partido Progresista, entrarían también en el Althingi (Parlamento) con el 7,5 y el 6,2 %, respectivamente, mientras que el Partido del Pueblo, de corte xenófobo, quedaría unas décimas por debajo de la barrera mínima del 5 %, y Futuro Brillante, más lejos todavía.
Fue Futuro Brillante el que provocó hace un mes la ruptura de la coalición de gobierno con los conservadores y el Partido Reformista -la más breve en la historia del país- al descubrirse que el primer ministro había ocultado que su padre recomendó que le fuera "restituido el honor" a un amigo suyo condenado por pederastia.
La restitución del honor es un procedimiento legal, abolido por el Parlamento islandés hace unas semanas, que permitía a personas condenadas por delitos graves presentarse por ejemplo a elecciones o ejercer la abogacía si presentaban cartas de recomendación.
No ha sido el único escándalo que ha salpicado al jefe del Ejecutivo los últimos meses: un diario reveló que pudo haber usado información privilegiada para deshacerse de activos de más de 1,3 millones de euros en el fondo de inversiones del banco Glitnir, poco antes de que fuera intervenido por el Estado en 2008.
Bjarni Benediktsson, entonces diputado y miembro de la comisión de Finanzas del Parlamento, ha negado haber conocido los planes del Gobierno -del que formaba parte su partido- y haber cometido delito.
La situación empeoró cuando el holding que controla Glitnir interpuso un requerimiento para frenar las noticias sobre el caso alegando uso de información confidencial, petición aprobada por el Comisionado del distrito de Reikiavik y muy criticada en Islandia.
Pero pese a los escándalos, el Partido de la Independencia ha recuperado el liderazgo en los sondeos amparado en las buenas cifras macroeconómicas, sus ataques a la política fiscal rojiverde y su condición de fuerza hegemónica que solo ha perdido unos comicios, los celebrados tras la crisis económica de 2008.
Esas elecciones las ganó la Alianza Socialdemócrata, que conformó el primer gobierno de izquierda desde la independencia del país en 1944, pero los duros ajustes impulsados por el Ejecutivo de Jóhanna Sigurdardóttir provocaron su desplome cuatro años más tarde.
Y la deriva continuó en los comicios de 2016, cuando los socialdemócratas cayeron al 5,8 %, un apoyo cinco veces menor al logrado en 2009; los sondeos los sitúan ahora sin embargo como tercera fuerza, por delante del Partido Pirata.
Rojiverdes, socialdemócratas y "piratas" podrían reeditar la alianza que ya tienen en Reikiavik, pero según los últimos sondeos no alcanzarían los 32 escaños que dan la mayoría absoluta.
El Partido de la Independencia necesitaría aglutinar a todo el centroderecha, que incluye a tres formaciones.
Entre ellas está la que puede ser la sensación de los comicios, el Partido Centrista del ex primer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson, cuya trayectoria es un buen reflejo de la situación de la política islandesa reciente.
Sigmundur David Gunnlaugsson alcanzó la jefatura de Gobierno en 2013 con el Partido Progresista, un hito, gracias a su popularidad por oponerse a los acuerdos con Reino Unido y Holanda en el caso del banco islandés Icesave y a la entrada en la Unión Europea (UE).
Tres años después tuvo que dimitir por su relación con los papeles de Panamá, al revelarse que había depositado casi 4 millones de dólares en bonos de bancos islandeses en una sociedad en las Islas Vírgenes, lo que supuso el fin del Gobierno y elecciones.
Pero de parecer hace apenas un mes un "cadáver" político, ha pasado a crear una nueva formación, adelantar a su antiguo partido en los sondeos y postularse como "bisagra" en las que se avecinan serán unas duras negociaciones postelectorales.
FUENTE: EFE


