Afganistán Internacionales -  19 de abril 2020 - 15:10hs

Adolescentes afganas buscan ayudar a enfermos de coronavirus

Casi todas las mañanas, Somaya Farooqi y otras cuatro adolescentes se suben al automóvil de su padre y se dirigen a un taller mecánico. Utilizan rutas secundarias para eludir los puestos de control que la policía implementó para mantener el confinamiento en la ciudad de Herat, una de las zonas más complejas para Afganistán por el coronavirus.

Las integrantes del galardonado equipo afgano de robótica están en una misión vital para construir un respirador con piezas usadas de automóviles y ayudar al país a combatir el virus.

“Si salvamos aunque sea una vida con nuestro dispositivo, estaremos orgullosas”, comentó Farooqi, de 17 años.

Su objetivo es particularmente excepcional en un país tan conservador como Afganistán. Hace apenas una generación, durante el régimen fundamentalista islámico del Talibán a finales de la década de 1990, las niñas no tenían permitido ir a la escuela. La madre de Farooqi fue sacada de la escuela en el tercer grado.

Luego de la invasión de Estados Unidos en 2001, las niñas regresaron a las escuelas, pero conseguir los mismos derechos sigue siendo difícil. Farooqi no se desanima. “Somos la nueva generación”, comentó durante una entrevista telefónica. “Luchamos y trabajamos para la gente. Niño y niña, eso ya no importa”.

Afganistán enfrenta la pandemia con las manos vacías. Sólo tiene 400 respiradores para una población de más de 36,6 millones. Hasta ahora, ha reportado poco más de 900 casos confirmados del coronavirus, con 30 muertes, pero se prevé que el número real sea mucho mayor debido a que hay pocos equipos de pruebas.

La provincia de Herat, en el occidente de Afganistán, es uno de los puntos complejos de la nación debido a su cercanía con Irán, el epicentro del brote de la región.

Eso ha provocado que Farooqi y sus compañeras, de 14 a 17 años, busquen una solución.

En una mañana habitual, el padre de Farooqi recoge a las chicas en sus casas y las lleva a la oficina del equipo en Herat, zigzagueando a través de rutas secundarias para eludir los puestos de control. Desde ahí, otro auto las lleva a un taller mecánico en las afueras de la ciudad.

En Herat, los residentes sólo tienen permitido abandonar sus hogares para atender necesidades urgentes. El equipo de robótica tiene un número limitado de permisos especiales para los autos.

Hasta ahora, el padre de Farooqi no ha podido obtener uno, pero las niñas tienen prisa. “Estamos preocupadas por la seguridad que abandona la ciudad, pero no hay otra opción, tenemos que tratar de salvar la vida de las personas”, dijo Farooqi.