Francia Internacionales -  19 de abril 2020 - 10:18hs

Francia: Residencias hacen tests para combatir la soledad

Algunos nacieron en este laberinto de pequeños cuartos que antes era un hospital, abierto en el siglo XVII. Es probable que muchos mueran allí. Y ahora están todos confinados en sus habitaciones, privados del sencillo consuelo de la compañía humana.

Los residentes en la residencia Weiss en el este de Francia, quieren charlar cara a cara, jugar a juegos de mesa, compartir comidas. De modo que todos dieron una muestra de sangre para que se les hiciera la prueba del coronavirus, al igual que todos los empleados. Fueron unos 580 análisis en total con un objetivo: identificar quién debe estar aislado y quién tendrá libertad para salir de su habitación.

“Nos pasamos todos nuestros días entre estas cuatro paredes, eso es todo, no se nos permite salir. Ni siquiera tenemos el derecho de salir al pasillo”, dijo Henry Bohn, de 69 años y al que un infarto cerebral dejó en una silla de ruedas. “Nos traen el desayuno, la comida y la cena aquí en la habitación. Por suerte, estos días tenemos el sol y eso ayuda, pero echamos de menos las cosas básicas”.

Un fotógrafo de Associated Press pasó dos días retratando el proceso de pruebas en tres de las 10 residencias de ancianos en la región francesa de Alto Rin, donde las autoridades locales han ordenado hacer pruebas de forma generalizada. El centro en Ammerschwir plantea problemas en especial por sus pequeñas habitaciones y largos pasillos, y porque muchos de sus internos tienen problemas cognitivos, a menudo severos.

“Para ellos es difícil recordar las normas que les damos. Cuando les ponemos mascarillas, apenas se las mantienen puestas, y necesitan socializar y salir de sus habitaciones”, dijo Sylvie Ghiringhelli, enfermera jefe.

Algunos pacientes salen de todos modos, congregándose en pasillos o sentándose en la sala común antes de ser acompañados con amabilidad de vuelta a sus cuartos.

Gran parte de los muertos por coronavirus en todo el mundo eran ancianos, y el coste ha sido especialmente alto en residencias, donde se han registrado espantosas cifras de fallecidos en todo el mundo.

En Francia, las muertes en residencias suponen más de un tercio de las 17.000 víctimas de coronavirus, cifras que el gobierno documenta ahora de forma meticulosa tras semanas de presión. La enfermedad ha arrasado en las 7.000 residencias de ancianos del país, con más de 15.000 casos confirmados entre los internos y 8.900 en el personal entre el 1 de marzo y el 14 de abril.

Y la zona más afectada ha sido el este de Francia, cerca de la frontera con Alemania, donde el brote comenzó en un encuentro evangélico en la ciudad de Mulhouse. La mortalidad total en Alto Rin subió un 143% entre el 1 de marzo y el 6 de abril, según datos del gobierno.

Confinar a los internos a sus habitaciones puede cobrarse un precio diferente.

“El confinamiento puso fin a todas las comidas comunales en la sala, detuvo toda forma de vida social”, dijo Ghiringhelli. “Ya no hay actividades, ya no hay visitas. Nuestros residentes sufren las consecuencias”.

La habitación de Marie Louise Kopp está llena de recuerdos: fotos, gatos de porcelana, cuadros octagonales, para ayudar a mantener una memoria de 79 años que empieza a declinar.

“Mi hijo iba a venir a visitarme y algunos familiares, pero ahora nadie puede”, dijo, con un periódico sin leer en el regazo. “Con la crisis, todo el mundo se queda en casa”.

No está claro cuándo volverán a permitirse las visitas, pero el personal del centro espera que hacer pruebas a todo el mundo permita que al menos, la mayoría de los internos puedan salir de sus habitaciones sin temor a infectarse. Se espera que los resultados lleguen la semana que viene, y el gobierno local y los directores de residencias se reunirán para decidir los siguientes pasos.

En otros lugares del país, el gobierno ha aislado residencias tras dos casos positivos y simplemente asumido que todo el que tenga síntomas se ha contagiado.

“Las pruebas quizá nos permitirán reanudar parcialmente la vida, las comidas comunales y las actividades en grupos pequeños”, dijo Ghiringhelli. “Y reparar los lazos sociales”.

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