Paulo Abrao

EFE

Paulo Abrao se despidió este jueves de su cargo como secretario ejecutivo de la CIDH, en medio de la polémica que ha suscitado la decisión del secretario general de la OEA, Luis Almagro, de no renovar su segundo mandato de cuatro años.

“La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) me comunicó que no obtuvo la formalización administrativa de la renovación de mi mandato, luego de varias semanas de esfuerzos de diálogo institucional con la Secretaría de General de la Organización de Estados Americanos (OEA)”, indicó Abrao en una carta pública de tres páginas que difundió en su cuenta de Twitter.

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El ex secretario ejecutivo de la CIDH rompió así el silencio de las últimas semanas tras conocerse la decisión de Almagro, quien ha argumentado que no reincorporará a una persona con denuncias en su contra.

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“El principal problema de la no renovación de mi mandato es la falta de respeto a la autonomía e independencia de la Comisión para seleccionar y renovar la Secretaría Ejecutiva de su confianza”, advirtió en su misiva el exfuncionario, que ocupó ese cargo desde 2016.

Y consideró que “no es posible hacer una evaluación adecuada de la situación de los derechos humanos en la región sin injerencias externas y políticas y sin independencia técnica, material y funcional”.

“Es inadmisible que la presentación de denuncias no investigadas sea fundamento para una separación funcional de un Secretario Ejecutivo de la CIDH (o cualquier otro/a funcionario/a de la Secretaría General de la OEA) sin sujeción al debido proceso”, agregó, al indicar que este hecho es una "implicación grave hacia el futuro".

Almagro anunció el pasado 25 de agosto que no renovaría el mandato de Abrao, que expiró oficialmente el pasado día 15, a lo que la Comisión respondió denunciando un atentado contra su "autonomía e independencia".

Tres días después y ante los pronunciamientos de la alta comisionada de la oficina de la ONU para los Derechos Humanos (OACNUDH), Michelle Bachelet, y de organizaciones como Human Rights Watch (HRW), Almagro ratificó su decisión.

"De ninguna manera incorporaré o reincorporaré a ninguna persona sobre la cual penden 61 denuncias", respondió Almagro en un comunicado.

Abrao admitió en su comunicación de hoy haber tenido “a lo menos seis reuniones” con la Oficina del Ombudsperson, encargada de los reclamos de un grupo de funcionarios "no identificados".

Pero aseguró que nunca fue “notificado de la apertura de una investigación o acción administrativa” en su contra, ni recibió por los canales regulares una “única denuncia formal por supuestas irregularidades”, tales como acoso laboral de su parte u omisión en la atención de acoso sexual de terceros, al tiempo que las rechazó “por ser infundadas”.

“Considero que los disensos son normales, y las voces críticas enriquecen los procesos. Lo único que por ética y convicción no puedo aceptar es un tribunal de excepción mediático”, sentenció Abrao, quien apuntó que las transformaciones institucionales que acometió “han sido necesarias y demostraron ser correctas”.

“En un contexto de riesgos de retrocesos en materia de derechos humanos en el mundo, de resurgimiento de discursos nacionalistas y de intento de desprestigio a los organismos internacionales de promoción y protección de los derechos humanos, es importante defender esta Comisión Interamericana que tiene reconocimiento mundial por su labor valiente, independiente, consistente, que ha enfrentado dictaduras y presiones autoritarias de todo tipo en sus 61 años de existencia”, apuntó.

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