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Fuera de Cámara Nacionales -  26 de octubre de 2015 - 11:41

Una rueda difícil de empujar

Las conspiraciones volvieron con fuerza al Vaticano las últimas semanas; las mismas en que Jorge Mario Bergoglio, el sorprendente y querido Papa Francisco, intentó airear las anquilosadas estructuras que cobijan a la ortodoxia y el dogma.

Mientras el buen Papa buscaba las palabras y los argumentos para mover un poco más la rueda del cambio que impulsa desde que fuese elegido máximo jerarca de la Iglesia Católica, en los oscuros laberintos vaticanos otras ruedas se movían en dirección contraria.

La primera señal se produjo cuando un cura polaco, con un cargo en la Congregación para la Doctrina de la Fe, sorprendió a todos haciendo pública su homosexualidad y presentando a su pareja.

El escándalo puso nuevamente en el tapete mediático el tema de la homosexualidad en el clero católico, justo en momentos en que los obispos congregados en Roma por el Papa Francisco, analizaban los nuevos dilemas de la familia católica, especialmente la situación de los divorciados y los homosexuales. Rara y sospechosa coincidencia.

Unos días después circuló una carta que un grupo de cardenales supuestamente enviara al Papa, en lo que parecía una nueva versión de los Vatileaks, aquella filtración de cartas y documentos privados ocurrido en 2012, que dejó en evidencia un entramado de corrupción en el Vaticano, y que llevó eventualmente a la renuncia de Benedicto XVI.

En la carta, los cardenales expresaban su rechazo a la metodología del Sínodo, a la supuesta designación de un grupo cercano al Papa que habría redactado el documento preparatorio para el debate, al tiempo que mostraban su angustia ante la posibilidad de que se permitiera que los divorciados y nuevamente casados civilmente pudieran comulgar. ¡Faltaría más!

En ese contexto de manipulaciones y movidas de los grupos más conservadores de la Iglesia, se produjo el encuentro en Washington entre el Papa y Kim Davis, aquella funcionaria que se negó a hacer los trámites para inscribir un matrimonio homosexual en una comunidad de Kentucky, y que en consecuencia se convirtió en un símbolo para el pensamiento más conservador.

¿Qué significaba ese encuentro?, se preguntaban con tristeza y desilusión tantos y tantos admiradores de Francisco, en el espectro liberal del catolicismo. ¿Estaba su querido Papa dándoles las espaldas?

Pues no. Todo parece indicar que hubo mano criminal en la inclusión de esa cita en su visita a Estados Unidos. Afortunadamente, y como lo ha podido hacer hasta ahora, el buen Papa pudo recomponer lo que algunos quisieron destruir.

Finalmente, la "noticia" de que el Papa tenía un tumor cerebral, fue la cereza del pastel de un complot que parecía destinado a desacreditar al pontífice, justo unos días antes del cierre del movido Sínodo sobre la familia.

En ese ambiente y con los rastros de las conspiraciones por doquier, la rueda renovadora de Francisco apenas pudo moverse en los temas de la familia católica, de manera que los portillos vaticanos seguirán cerrados, al menos desde la formalidad, para las ovejas que decidan salirse del redil.

Pero lo sucedido no se escondió debajo de la alfombra. Con su habitual transparencia y coraje, el Papa Francisco cerró el Sínodo llamando a cada cosa por su nombre.

A los conspiradores, "esos corazones cerrados" que habían quedado al descubierto al juzgar "con superioridad y superficialidad los casos difíciles y las familias heridas", les dijo con serenidad y firmeza que habían sido libres de expresar sus opiniones, incluso con "métodos no del todo benévolos".

Y a todo esos que imposibilitaron el cambio, el buen Papa les dijo que había "intentado abrir los horizontes para superar toda hermenéutica conspiradora.... para transmitir la belleza de la novedad cristiana, a veces cubierta por la herrumbre de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible".

Los conspiradores de antes y de siempre siguen allí; no se rinden, no se cansan, no están dispuestos a ceder y seguirán con sus métodos nada benévolos. Pero el Papa no es uno más. El buen Francisco sigue empujando la rueda a pesar de ellos, a pesar de todo.

FUENTE: Lina Vega

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