Una estrella surgida del oro. Foto/TReporta

Lina Vega

En 1848, cuando James Wilson Marshall encontró pepitas de oro en un río cercano a la Sierra Nevada en lo que hoy es California, Estados Unidos, se desataron una serie de acontecimientos que tuvieron una muy especial repercusión en Panamá; entre ellos, el nacimiento del diario en inglés The Panama Star, el primer eslabón de la añosa cadena que es hoy La Estrella de Panamá, el diario más antiguo del país.

El inesperado hallazgo de Marshall dio inicio a la fiebre de oro de California, ese estelar episodio de la historia de Estados Unidos que, como preludio de lo que después sucedería, también forma parte de nuestra historia. Y es que cientos y cientos de cazafortunas que intentaban llegar a California desde la Costa Este de Estados Unidos, lo hicieron atravesando el Istmo de Panamá.

Publicidad

Como consecuencia de ello, el Istmo fue tomado por asalto por viajeros que, tras desembarcar alrededor de lo que hoy es Colón, emprendían la corta pero peligrosa travesía sobre mulas y cayucos, pasando por caminos peligrosos, enfrentando terribles condiciones climáticas y enfermedades mortales, hasta llegar a la ciudad de Panamá motivados por un sueño de oro y fortuna.

La ruta por Panamá fue la más popular, ya que las alternativas eran atravesar en carretas el largo camino hasta el todavía inhóspito lejano oeste; o la larguísima y peligrosa travesía marítima por Cabo de Hornos. En consecuencia, cientos y cientos de los llamados “forty-niners” (por aquello de que todo inició en el año cuarenta y nueve) abarrotaron la ciudad de Panamá, mientras esperaban el barco que los llevaría hasta el oro soñado.

El tiempo de permanencia en la ciudad de Panamá dependía de la frecuencia y disponibilidad de cupos en los barcos que hacían la ruta hasta California, de manera que tres aventureros - J.B. Bidleman, S.K. Donaire y J.F. Bachman- que también esperaban el momento de seguir su viaje, decidieron hacer un periódico para entretener e informar a todos esos viajeros que esperaban ansiosos en la ciudad de Panamá, la llegada del siguiente barco.

Así, el 24 de febrero de 1849 nació The Panamá Star que se publicaba tres veces por semana, y que, entre otras informaciones de interés, daba recomendaciones sobre el equipaje requerido y los cuidados para evitar que fuera robado, advertía sobre el cansancio, el clima o las enfermedades, o narraba desgarradoras historias de la dura travesía para cruzar el Istmo.

Dos años después y con similar historia y propósito se funda el Panama Herald, produciéndose una lógica rivalidad y dura competencia que llevó al primero a publicar diariamente con el nombre Panamá Daily Star, y crear en 1853 una sección en español llamada La Estrella de Panamá, que se convirtió en el tercer diario en castellano más antiguo de la región.

La constante rivalidad entre Panamá Daily Star y Panamá Herald terminó en 1854 con la fusión de ambos diarios como el Daily Star & Herald, que mantuvo inserta La Estrella de Panamá.

El diario en inglés continuó publicándose hasta 1987, mientras que La Estrella de Panamá cambió varias veces de dueño y de talante -no siempre democrático, que todo hay que decirlo-, hasta llegar a la difícil situación que hoy enfrenta.

Las rotativas de La Estrella de Panamá podrían parar de forma definitiva muy pronto, cortando abruptamente 162 años de historia periodística. Sería una gran pérdida para el país y su historia; sería muy triste.

La Estrella de Panamá es una institución panameña que debe salir de este laberinto de listas y acusaciones en que se encuentra metida. Debe haber una salida; debe subsistir para beneficio del buen periodismo y la gente que lo hace posible cada día.

Ese diario, surgido del sueño dorado y testigo de tanta historia, no puede morir.

Publicidad