Diego Fábrega, especialista en normativas medioambientales, destaca las posibles consecuencias de no monitorear adecuadamente el cierre de una mina y explica el riesgo de contaminación en las fuentes de agua.
En el contexto de un estudio de impacto ambiental realizado en 2011, Fábrega resalta la necesidad de desarrollar un plan de manejo y cierre de la mina. Subraya que factores como infraestructura, maquinaria y residuos deben considerarse en este proceso de seguimiento. Además, menciona que el cierre de una mina a nivel mundial puede extenderse de dos a diez años, con evaluaciones de daños en las fuentes de agua que requieren un monitoreo a largo plazo, incluso hasta 20 años, implicando inversiones millonarias.
Fábrega advierte sobre el potencial contaminante del relave, dada su cierta porosidad y tamaño considerable. Destaca el riesgo de infiltración en la capa subterránea y su desplazamiento a largas distancias, lo que podría resultar en la contaminación de ríos y pozos comunales, especialmente en casos de manejo deficiente y falta de medidas de mitigación. Sus declaraciones subrayan la importancia crítica de implementar medidas efectivas para evitar impactos ambientales negativos asociados a la actividad minera.
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