NUEVA YORK ( AFP ) Una casa puede estar al mismo tiempo inundada y ardiendo, constataron a su pesar los habitantes del barrio de Breezy Point en Nueva York, asolado por el paso de huracán Sandy.
Las noche del martes, las llamas seguían consumiendo aquí y allí los restos ennegrecidos de la zona costera de Breezy Point.
Más de 80 casas se hicieron humo mientras que cientos de otras alrededor estaban inundadas y dañadas por las ráfagas de viento acarreadas por Sandy, que tocó tierra la noche del lunes en Estados Unidos.
La casa de Carol Anderson, de 53 años, se salvó de las llamas, pero sufrió daños severos con la abrupta crecida provocada por el huracán, y apenas logra sobrevivir entre las ruinas.
"Esto es Ocean Avenue", dice algo dubitativa mientras busca un camino entre las vigas calcinadas y los cables del alumbrado público que cuelgan lastimosamente. "Qué desastre, parece una zona de guerra", suspira.
Cerca del lugar, los bomberos lanzan agua sobre un muro que sigue ardiendo. El humo es omnipresente y las llamas brillan a lo alto de un poste de telecomunicaciones, como una señal macabra.
Todavía no se sabe lo que provocó el incendio, en medio de un huracán con lluvias intensas y ráfagas.
Rob Kirk, habitante de larga data que instala justamente sistemas de riego contra incendios, explica que las paredes de las casas en el barrio tendrían que haber resistido durante horas al fuero.
Eso, sin contar con los vientos de hasta 150 km/h que trajo Sandy.
Pero "cuando el viento atiza de esta manera las llamas, son cinco minutos y no dos horas, lo que se necesita", reconoce Kirk, de 55 años. Su casa se salvó de las llamas, pero no de la inundación.
"Uno se adapta al agua, pero no al fuego"
Casi todas las calles de Breezy Point, con 5.000 habitantes y muchos más en verano, siguieron inundadas durante horas tras el paso de Sandy. Se veían en plena calle vehículos llevados por las aguas e incluso muebles, salidos de sus casas.
Un banco de jardín apoyado sobre una camioneta o un canasto de básquetbol sobre una parada de autobús dejaron de ser imágenes extrañas.
El paso de una camioneta Hummer de la Guardia Nacional, con colores de camuflaje, reforzaba la impresión de estar frente a un escenario de guerra, con vehículos de socorro y sobrevuelos de un helicóptero del Ejército.
El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, de visita el martes para constatar los daños, acompañado por el senador Chuck Schumer, fue interpelado por una mujer que quedó sin vivienda y le pidió si podía albergarla.
"No creo que a mi pareja le guste", se desentendió el multimillonario Bloomberg.
Policías y bomberos trabajaron toda la noche del lunes al martes para apagar el incendio y evacuar a los habitantes en botes inflables.
Dan O'Leary, de 62 años, nunca habría imaginado semejantes destrozos: "Cuando uno vive sobre la costa, piensa que sufrirá alguna inundación, pero no incendios". "Es un barrio en el que la gente está muy unida, da ganas de llorar", agrega.
"Es el precio que hay que pagar por vivir cerca del agua. Lo que Dios te da, te lo puede quitar", concluye Rob Kirk.




