Cuando era niño Osama al-Bar podía pasar al lado del sitio más sagrado del Islam, la Kaaba, en el camino de su casa al mercado de especias y telas donde su padre tenía una tienda. En esa época La Meca era tan pequeña que los peregrinos podían sentarse en esa figura en forma de cubo y mirar las pacíficas montañas que el profeta Mahoma alguna vez recorrió.
Hoy ya no existen ni el mercado ni las casas. Monumentales hoteles de lujo se rodean la Gran Mezquita donde se ubica la Kaaba y la empequeñecen. Las escarpadas colinas que sobrepasaban la altura de la mezquita han sido cortadas y ahora en su cima hay grúas que construyen más edificios.
"Mi padre y todas las personas que vivieron en La Meca no la reconocerían", dijo al-Bar, quien es alcalde de la ciudad.
Miles de musulmanes de todo el mundo se encaminan a La Meca esta semana para la peregrinación anual y llegarán a una ciudad sometida a la mayor transformación de su historia.
Hace décadas esta era una ciudad de barrios construidos hace siglos sin edificios elevados. Durante años hubo pocos proyectos de renovación pero a mediados de la década de 2000 el reino lanzó el proyecto de reconstrucción más ambicioso de la historia que si bien no ha concluido, sí ha transformado La Meca.
Viejos barrios han sido remplazados por hoteles y centros comerciales justo en los bordes de la Gran Mezquita. Sitios históricos de gran significado para el Islam han sido demolidos. Junto a la Kaaba se levanta el tercer rascacielos más alto del mundo, en cuya cima hay un reloj gigante, que en las noches tiene iluminación multicolor.
"No es La Meca, es La Meca-hanttan. Por la torre y las luces parece que estás en Las Vegas", dijo Sami Angawi, un arquitecto que pasó su vida estudiando la peregrinación y es uno de los críticos más visibles de los cambios. "La verdadera historia de La Meca ha sido borrada con trascabos y dinamita. ¿Eso es desarrollo?".
Los críticos sostienen que las obras han despojado de su espiritualidad a la ciudad sagrada. También dicen que está echando por tierra el mensaje de la peregrinación, que tiene 1.400 años de antigüedad, en el sentido de que todos los musulmanes, ricos o pobres, son iguales ante Dios mientras hacen los ritos obligatorios para limpiar los pecados, que comienzan y terminan con una caminata en círculo alrededor de la Kaaba.
La Meca es venerada por millones de islamistas de todo el mundo. Cada año se orientan hacia la Kaaba para decir sus oraciones. La Gran Mezquita es uno de los pocos lugares en el mundo donde los musulmanes de todas las clases se reúnen, sunís y chiís, seculares, místicos y los de línea dura.
La supervisión de La Meca es fuente clave de prestigio para la monarquía saudí. Los dos últimos reyes, el actual, Abdulá, y el anterior, Fahd, tomaron el nombre de "custodio de las dos mezquitas sagradas" en referencia a la mezquita de La Meca y la de Mahoma, en la cercana ciudad de Medina, para fortalecer su estatus.
Actualmente la ciudad es renovada de acuerdo con la visión saudí que apuntala el mandato de la familia real Al Saud.
Dos corrientes dan forma a esa visión. Una es el capitalismo alimentado por los ingresos petroleros. Los desarrolladores de la ciudad se enfocan en dar servicios a los peregrinos adinerados mediante la construcción de hoteles de cinco estrellas. Los fieles pueden hacer compras en tiendas de marcas internacionales, entre ellas una de Paris Hilton, y una cafetería Starbucks con secciones para hombres y mujeres.
La otra corriente es el wahabismo, la interpretación estricta y puritana del Islam que la familia Al Saud convirtió en doctrina oficial del país. En agradecimiento, los clérigos wahabíes respaldan abiertamente a la monarquía y ésta ha permitido que esta facción sea la única que puede predicar en la Kaaba.
Uno de los dogmas del wahabismo es que las tumbas o sitios con vínculos a las figuras más reverenciadas, hasta la del profeta Mahoma, su familia y sus compañeros, deben ser destruidos para evitar que se venere a alguien que no sea Dios. Es el mismo celo que ha llevado a milicianos del grupo Estado Islámico a destruir templos musulmanes en Irak y Siria.
En La Meca es difícil ya encontrar un sitio relacionado con Mahoma. Muchos fueron destruidos en expansiones previas de la Gran Mezquita en las décadas de 1980 y 1990 y las nuevas obras están acabando con lo que queda. Por ejemplo, en 2008 se demolió la casa de Abu Bakr, sucesor de Mahoma y líder de la comunidad musulmana, para construir un hotel de la cadena Hilton.
La renovación urbana es necesaria para dar cabida a los peregrinos que actualmente son tres millones pero que según cálculos llegarán a casi 7 millones en 2040, dice autoridades saudíes.
La expansión de la Gran Mezquita, que costará 60.000 millones de dólares, casi duplicará el espacio para que los peregrinos oren en la Kaaba. Casi 50% del costo obedeció a la compra de 5.800 casas que tuvieron que ser demolidas para las obras, dijo al-Bar, el alcalde. Cúpulas y columnas construidas en la época del imperio otomano son derribadas para dejar su lugar a instalaciones modernas.
En la parte sur de la mezquita se levanta un rascacielos de 600 metros de altura (1.972 pies), que forma parte de un complejo de siete torres que se construyó sobre el terreno que ocupaba un fuerte otomano.
También se construye el proyecto Jabal Sharashif, en el que se demolerá una barriada popular que alojaba a inmigrantes birmanos y africanos, para levantar un nuevo vecindario para saudís. También se planea un sistema de metro con cuatro líneas y un tren de alta velocidad que llegue a la ciudad portuaria de Jiddah, donde se encuentra el aeropuerto de la zona, y luego a Medina.
La expansión de la Gran Mezquita está a cargo del grupo saudí Binladin, responsable de construir la torre del reloj. La familia Binladin es cercana a la familia al-Saud y es responsable de los proyectos más importantes del reino. El líder de la red terrorista al-Qaida, Osama bin Laden, pertenecía a esta familia que lo desheredó en la década de 1990.
Al hablar en un acto público en Jiddah en mayo, Nawaf Binladin, hijo del director del conglomerado, dijo que a menudo le pregunta si esa construcción es necesaria.
"Eso puede responderse en un momento con esta imagen", dijo mientras mostraba una fotografía de miles de files orando en la calle porque no hay suficiente espacio en la mezquita.
Essam Kalthoum, director de la compañía gubernamental Bawabat Makkah, que se encarga de varias obras en la ciudad, reconoce que "sería una farsa" decir que no hay motivos económicos que expliquen la transformación de la ciudad. No obstante, sostiene, el objetivo principal es que haya más espacio para los peregrinos.




