El ejército sirio ha perdido en tres años y medio casi la mitad de sus efectivos en la lucha contra la rebelión, pero ha ganado en movilidad y eficacia, estiman los expertos.
Al comienzo de la revuelta, las fuerzas armadas, calcadas del modelo clásico ruso, quedaron casi en nocáut técnico, pero con el tiempo se han transformado en una fuerza antiinsurreccional.
Gracias al apoyo de Rusia y de Irán, y a la experiencia en guerrilla de su aliado chiita libanés del Hezbolá, el ejército ha recuperado terreno.
Aram Neguizian, experto militar del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS), con sede en Washington, afirma que el ejército ha perdido a casi la mitad de sus efectivos desde marzo de 2011.
"Las deserciones y las bajas han reducido los efectivos de 325.000 soldados en 2011 a 295.000 en 2012 y a unos 178.000 en 2013 y 2014", ha afirmado a la AFP.
Pero los 100.000 a 150.000 militares que luchan en el terreno desde hace dos años "forman sin duda una fuerza más letal que los 300.000 soldados que no hacían nada desde hace 30 años, aparte de esperar en la meseta del Golán", frente a las fuerzas israelíes, explica.
Después de años sin actividad, el ejército encara a grupos de insurgentes muy distintos, desde los moderados del Ejército Sirio Libre a los islamistas del Frente Islámico, los yihadistas del Frente al Nosra (rama siria de Al Qaida) y los ultrarradicales del grupo Estado Islámico (EI).
Más de 190.000 personas han muerto desde el comienzo del conflicto, entre ellas 40.000 soldados y 27.000 milicianos prorrégimen, 55.000 rebeldes y yihadistas, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), que estima que en realidad serían muchos más.
Pese a las bajas, el ejército ha evitado lanzar una campaña de reclutamiento y se ha apoyado en el servicio militar obligatorio que deben realizar los hombres de 18 a 50 años durante 18 meses prorrogables.
Sin embargo, la semana pasada, el Comité central de la reconciliación popular hizo un llamamiento a la movilización general, pidiendo al "pueblo sirio, en particular a los hombres de entre 18 y 50 años, que se unan a las filas del ejército".
Un mando militar ha restado importancia a la necesidad de refuerzos. El ejército ha mejorado "tanto cualitativamente como cuantitativamente", ha asegurado.
En los primeros meses del conflicto, el ejército perdió el control de extensas zonas de territorio, pero una buena parte de ellas las recuperó el año pasado, sobre todo en los alrededores de Damasco y de Homs (centro).
Sus éxitos se deben a su capacidad de adaptación de una guerra clásica, marcada por bombardeos masivos, a una guerrilla urbana, especialidad de Hezbolá.
"La insurrección ha obligado a la infantería a adaptarse o morir", explica Neguizian.
Según él, "los grandes batallones han sido divididos en pequeñas unidades flexibles, los comandantes de más edad e ineficaces han sido apartados y sustituidos por oficiales jóvenes a los que se les confiaron importantes responsabilidades operacionales".
Una de las figuras más emblemáticas de esta nueva generación es el coronel Suhail al Hasan, apodado "El Tigre" y descrito por los medios de comunicación prorrégimen como el "militar favorito" de Bashar al Asad.
Pese a sus progresos, los expertos dudan de que el ejército pueda restablecer la autoridad del régimen en todos los territorios perdidos.
Los rebeldes controlan la mayoría de la provincia de Idleb (noroeste), la mitad de Alepo y casi toda su provincia, una parte de los suburbios de Damasco y Deraa (sur).
El EI, por su parte, controla la provincia septentrional de Raqa y parte de la rica provincia oriental de Deir Ezor.
"A corto y medio plazo, hay pocas posibilidades de que Al Asad sea capaz de acabar con la insurrección y recuperar los territorios controlados por los rebeldes", adelanta Stephen Biddle, un experto del Consejo estadounidense de Relaciones Internacionales.
"Va a ser una guerra larga -predice- porque este tipo de contienda dura al menos siete a diez años, a veces incluso una generación o más".
FUENTE: AFP



