AP

Un ex pandillero fue ejecutado el martes por el asesinato de tres rivales hace 14 años en San Antonio.

Miguel Paredes, de 32 años, fue declarado culpable en septiembre de 2000 junto con otros dos hombres de haber matado a balazos a tres personas vinculadas a la pandilla Mexican Mafia.

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Los cadáveres fueron enrollados en una alfombra, transportados aproximadamente 80 kilómetros (50 millas) al suroeste, arrojados en un sitio y quemados. Un agricultor que investigaba un incendio de pasto encontró los restos.

Paredes fue declarado muerto a las 6:54 hora local. La ejecución fue llevada a cabo después de que la Corte Suprema federal rechazó una apelación presentada por los abogados en el último momento, en la que argumentaban que el reo era deficiente mental y que su abogado anterior había cometido un error al no investigar sus antecedentes médicos.

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David Dow, abogado de Paredes, dijo que la ejecución debió haberse detenido porque el preso tenía "un enfermedad mental significativa" que pudo haber afectado su juicio cuando dijo a su abogado previo hace 10 años que no investigara sus antecedentes familiares.

En una respuesta presentada el martes por la mañana, abogados estatales afirmaron que Paredes "no mostraba evidencias de que es o haya sido un enfermo mental o un incompetente" y que no era posible considerar deficiente a su abogado anterior cuando "se apegó a las instrucciones explícitas de Paredes".

Tribunales inferiores estuvieron de acuerdo con el estado, que también hizo notar que la última apelación fue interpuesta después de que venciera el plazo para hacerlo.

Los fiscales argumentaron que Paredes, quien cumplió 18 años seis semanas antes de los asesinatos, fue el atacante más agresivo cuando las tres víctimas se presentaron en una casa a cobrar dinero por venta de drogas.

Le dijeron al jurado en su juicio en 2001 que Paredes era sospechoso de haber cometido varios delitos más, incluidos otros homicidios y tiroteos desde vehículos en movimiento. Los abogados defensores argumentaron que creció en un vecindario infestado de pandillas en el que la única forma de sobrevivir era unirse a una.

Paredes fue declarado culpable de matar a balazos a Nelly Bravo y a Shawn Michael Cain, ambos de 23 años, así como a Adrián Torres, de 27. Los fiscales dijeron que los tres recibieron los disparos cuando intentaron cobrar el dinero de las drogas en la casa de John Anthony Saenz, un líder de la pandilla de Paredes.

"La evidencia mostró que Miguel parecía ser el más agresivo y un pistolero activo", dijo Mary Green, la fiscal de distrito del condado Bexar que entabló una acción judicial contra Paredes.

La policía obtuvo una pista en el caso al hallar papeles que traían el nombre de Saenz entre los restos con los tres cadáveres quemados.

Saenz, de 32 años, declaró que actuó en defensa propia en su juicio y logró evitar la pena de muerte cuando los jurados lo sentenciaron a cadena perpetua. El tercer sospechoso, Greg Alvarado, de 35 años, se declaró culpable y también está en la cárcel de por vida.

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