Llamarse Nava, Sánchez o Carreto puede ser muy arriesgado en la violenta ciudad de Chilapa, en el sur de México: varias personas con estos apellidos, que coinciden con los de un capo y un expolicía local, desaparecieron hace un mes sin que se sepa nada de ellas.
Su desaparición se produjo durante una ocupación del pueblo por parte de 300 hombres armados que dijeron ser autodefensas, en un conflicto turbio que entremezcla narcotráfico y política, denunciaron familiares de las víctimas.
Sin que las fuerzas federales intervinieran, los hombres irrumpieron el 9 de mayo en este pueblo de Guerrero, desarmaron a la policía municipal, bloquearon las entradas de la ciudad y, tras cinco días de atemorizar a la población, se retiraron por un acuerdo con las autoridades federales.
Durante ese periodo, al menos 14 hombres casi todos entre 15 y 25 años desaparecieron sin dejar rastro, según una lista que sus familiares entregaron a la AFP.
Las autoridades dicen investigar denuncias de 10 personas secuestradas en este municipio de 120.000 habitantes que sirve de puerta a las montañas de Guerrero, el mayor productor de amapola de México y ruta para el trasiego de la goma de opio.
Pero la fiscalía general se negó a dar los nombres a la AFP.
Según familiares, uno de los desaparecidos salía de su trabajo en una pizzeria cuando fue secuestrado, otros vendían vacas.
Alexandro Nava Reyes, un joven de 21 años que se dedicaba a manejar camiones, avisó el 10 de mayo a sus padres que "iba a ver a su novia y no regresó nunca", narró su hermana Melissa en un restaurante frente a la solitaria plaza principal de Chilapa.
El joven llevaba uno de los apellido de Zenen Sánchez Nava "El Chaparro", presunto líder de Los Rojos, un grupo criminal que se disputa ese territorio con sus rivales, Los Ardillos.
Otros cuatro jóvenes cuyos padres llevan los apellidos Sánchez o Nava desaparecieron.
"Ser Nava o Sánchez es peligrosísimo en Chilapa", asegura desde su casa José Díaz, un profesor que asumió la vocería de familiares de los desaparecidos.
Según testigos, durante la ocupación, los invasores agitaban sus fusiles y machetes por las calles de Chilapa mientras gritaban: "¡Entreguen la cabeza de 'El Chaparro' y nos vamos!".


