Este fin de semana, decenas de coreanos de ambos lados de la frontera participan en reencuentros de familias que quedaron divididas por la Guerra de Corea hace seis décadas. La mayoría no se han visto desde entonces — y puede que no lo vuelan a hacer jamás.
Esta es la segunda tanda de reuniones de tres días organizadas por los dos países y que se celebran en el centro turístico Diamond Mountain, en Corea del Norte.
El surcoreano Lee Cheon-wu, un agricultor jubilado de 78 años, participó en las primeras reuniones, celebradas a mediados de semana. A continuación, en sus propias palabras, lo que recuerda del que seguramente sea el último encuentro con su hermana, la norcoreana Ri Mun Wu, de 84.
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Cuando los participantes norcoreanos entraron en el centro de reuniones, reconocí pronto a mi hermana mayor porque es exactamente igual que nuestra difunta madre. Rápidamente le grité "¡Hermana!" y corrí hacia ella y la abracé. Me preguntó "¿Quién eres?" y le respondí "¡Soy yo, Cheon-wu!". Ella lloró y me abrazó.
Se parecen mucho, realmente sentí como si me reuniese con mi madre, que murió hace 24 años.
Ella tenía 12 años y yo 6 cuando la enviaron a Corea del Norte en 1943, antes de la guerra, por lo que no compartimos muchas historias sobre los viejos tiempos. Solo hablamos sobre cómo vivimos los años posteriores. Ella tenía un gran malentendido sobre nuestros padres por lo que intenté solucionarlo, pero no funcionó.
Mis padres la enviaron a casa de un familiar en Hamhung, en Corea del Norte, porque financieramente no podían atender a todos sus hijos a la vez. Tenían planeado traerla de vuelta más tarde, pero no pudieron porque la Guerra de Corea estalló en 1950.
Mi hermana dijo que un pariente le contó que nuestros padres la habían vendido, por lo que la nueva familia le obligó a hacer todas las tareas del hogar como lavar los platos y cocinar el arroz. Le dije repetidamente que nuestros padres no la vendieron y que intentaron recuperarla cuando la situación mejoró pero ella no lo creyó.
Supe que estaba viva hace unos ocho años, cuando un chino coreano me visitó y me dijo que mi hermana me estaba buscando. Intercambiamos cartas y fotografías a través de este intermediario, que me dijo que podría llevarla a un determinado lugar en China para mantener un encuentro si yo viajaba a China con 2 millones de wones (1.770 dólares). Pero no lo hice porque me preocupaba que estuviesen tratando de estafarme. Esta semana, llevé las dos cartas que me dijeron que había escrito mi hermana y le pregunté si realmente las había escrito. Ella sufre ahora la enfermedad de Alzheimer y no podía acordarse. Pero después de hablar con ella llegué a creer que eran sus cartas.
Llevé dos maletas llenas de medicamentos, analgésicos, parches medicinales, cosméticos, suplementos alimenticios, ropa interior de abrigo, un abrigo, una parka y pantalones. Cuando le pedí que se pusiese algunas de las prendas, descubrí que vestía tres finos calzoncillos largos. Le dijo que yo no los usaba y se mostró realmente sorprendida. Tiene 84 años, es mayor y está delgada y es más sensible al frío.
Su Alzheimer, su edad y un problema de audición hacen que probablemente no hubiésemos podido reunirnos si esto ocurriese dos o tres años más tarde.
También le di 500 dólares, y ella nos dio tres botellas de licor y unas galletas. Dijo que sentía no poder darme más aun cuando yo le llevé muchos regalos.
"Por favor, no digas eso", dije. "No vine aquí para recibir regalos. Tú probablemente tampoco viniste por los regalos".
"Eras inteligente cuando eras un niño pequeño y sigues siéndolo", dijo.
FUENTE: AP




