PARIS Internacionales -  10 de diciembre 2015 - 15:07hs

Planificó cuidadosamente ataques de París, sigue prófugo

En pleno verano europeo, un hombre joven con identificaciones de Francia y Bélgica tomó un ferry en el sur de Italia y se encaminó a Grecia. Volvió con un acompañante a Italia cuatro días después y luego se fue por tierra a Francia. Esas actividades de principios de agosto son los primeros pasos conocidos de una misión que le permitió recorrer Europa aprovechando sus fronteras abiertas para preparar los ataques de París.

Las autoridades creen que en los tres meses siguientes Salah Abdeslam manejó miles de kilómetros para comprar equipo, alquilar autos, hacer reservas de hoteles, estudiar los blancos y desplazar a la gente que llevó a cabo los atentados del 13 de noviembre en que murieron 130 personas. A veces fue ayudado por su hermano mayor. Al menos en dos ocasiones fue acompañado por un amigo del barrio Molenbeek de Bruselas, de donde procedían varios de los individuos que participaron en la acción.

Un estudio que hizo la Associated Press del recorrido de Abdeslam por Europa revela el papel crucial que desempeñó en los ataques contra un estadio, bares y restaurantes parisinos y la sala de conciertos Bataclan. Indica asimismo el gran nivel de planificación de los ataques, en los que intervinieron tres grupos de atacantes suicidas, con abundante armamento, un lenguaje común, vínculos sanguíneos, amistades desde niños, antecedentes delictivos y una sensación de alienación.

De los diez atacantes muertos y sus cómplices, tres no han sido identificados, ya que sus ADN con encajan con los de los bancos de datos de las autoridades. Dos siguen prófugos, incluido Abdeslam.

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POR TODA EUROPA

A principios de septiembre, un mes después de haber recorrido 1.700 kilómetros (poco más de 1.000 millas) de una punta a la otra de Italia rumbo a Bélgica, su país, Abdeslam estaba de nuevo de viaje.

Se dirigió en autos alquilados a Budapest, 1.400 kilómetros (900 millas) al este, según fiscales belgas. En la estación de trenes de Budapest recogió a dos hombres. Las autoridades húngaras dicen que los individuos eran parte de los miles de refugiados que cruzaban los Balcanes en busca de una nueva vida en Europa y que ambos se negaron a solicitar asilo.

El 9 de septiembre fue interrogado en la frontera con Austria, que cruzó en un Mercedes alquilado, acompañado por dos personas con identificaciones belgas que posteriormente se comprobó eran falsas, según fiscales belgas. Se le permitió seguir el paso.

Un mes después, en el sur de Grecia, dos individuos con pasaportes sirios se sumaron a los miles de personas que pasaban por esa región con destino a Europa occidental. No había tiempo de revisar a fondo sus documentos, que las autoridades francesas sospechan eran falsos. Semanas después, los dos participarían en los ataques suicidas de París.

Mientras esos dos hombres viajaban hacia el norte, se cree que Abdeslam se dirigió de Bruselas a los suburbios parisinos para comprar detonadores en un negocio especializado en fuegos artificiales, de acuerdo con un agente del servicio de inteligencia francés que, como la mayoría de las personas vinculadas con la investigación no están autorizadas a dar detalles y habló a condición de no ser identificado.

Usando su propio nombre, Abdeslam alquiló las viviendas de un suburbio parisino desde las que partieron los atacantes. Dos grupos fueron en auto hacia Bobigny, en el norte, y el tercero se encaminó hacia Alfortville, en el sur.

Abdeslam recibió a veces ayuda de su hermano mayor Brahim, un hombre que fumaba hashish y jugaba cartas. Cuando Salah compraba los detonadores y alquilaba viviendas, según amigos de Brahim y otro hermano, Abdeslam rezaba en Molenbeek, un barrio donde, se sabe, la organización Estado Islámico ha reclutado mucha gente.

"Zaid", quien jugaba cartas a diario en el barrio, estuvo con Brahim la noche del 10 de noviembre, dos días antes de que los atacantes llegasen a París en auto desde Bruselas.

"No había nada inusual. Habló de las cosas de todos los días", comentó Zaid, quien no quiso dar su apellido por temor a represalias. "De haber sabido lo que planeaba hacer, hubiera llamado a la policía".

El 11 de noviembre Salah Abdeslam y Mohamed Abrini, un delincuente menor, pararon en una estación de servicio con un Renault Clio recién alquilado, tal vez para hacer una última inspección de los sitios donde se llevarían a cabo los ataques. Hacia las tres de la mañana del 12 de noviembre, los dos estaban de nuevo en el auto, según fiscales de París. Fue la última vez en que se vio a Abrini, cuyo hermano murió en Siria en el 2014. Él y Salah son los únicos que participaron en los ataques que siguen prófugos.

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VINCULOS SANGUINEOS Y DELICTIVOS

Todos los atacantes y sus cómplices identificados hasta ahora se criaron en Europa, el francés es su lengua natal y vienen de comunidades de inmigrantes marginadas de Francia y Bélgica. Otros cómplices menores, como el individuo que alquiló una habitación a la persona que planificó los ataques, Abdelhamid Abaaoud, tienen conexiones con el bajo mundo de las drogas, el robo y el fraude.

Brahim Abdeslam, quien alguna vez fue hallado culpable de robar tarjetas de identificación, había enderezado su vida y tenía un café. Parecía "ir por la buena senda", dijo su abogado Olivier Martins. Pero menos de dos semanas antes de los ataques, el café fue cerrado por las autoridades bajo sospecha de que se vendían drogas allí.

Los hermanos Abdeslam eran muy amigos de Abbaoud, otro residente de Molenbeek que se hizo yihadista después de una serie de convicciones por delitos menores.

Una prima menor de Abaaoud, Hasn Ait Boulhacen, se vio sumergida también en el bajo mundo. Fue investigada en Francia bajo sospecha de tráfico de drogas, pero no salieron a la luz sus lazos con Abaaoud, un individuo considerado uno de los prófugos más peligrosos de Europa ya incluso desde antes de los ataques del 13 de noviembre, de acuerdo con investigadores franceses. Abaaoud le pidió refugio a ella cuando los atacantes que él dirigió hicieron su baño de sangre y generaron un caos en París.

Ait Boulhacen, de 26 años, comenzó a usar el velo este año, luego de una juventud marcada por el alcohol y la violencia, según Samir Kilouli, un comerciante del barrio que conocía a su familia.

"Se metió con los barbudos", dijo Kilouli, usando una expresión con que se alude a los musulmanes fervorosos. "No hay dudas de que saben cómo detectar a los más débiles".

El grupo de Bataclan estuvo compuesto por dos franceses que se fueron a Siria en el 2013, Ismael Omar Mostefai y Samy Amimour, cuyo padre lo siguió a Siria para tratar de convencerlo de que regresase a su casa, y por un tercer individuo que no ha sido identificado.

El equipo de atacantes suicidas del Stade de France incluyó al más joven de los atacantes, Bilal Hadfi, de 20 años, y otras dos personas que llegaron a Europa a través de Grecia, aparentemente con pasaportes falsos.

El grupo de tres atacantes que la emprendieron contra bares y restaurantes incluyó a Abaaoud, Brahim Abdeslam, quien se cubrió el cuerpo de explosivos, y otro individuo no identificado. Salah Abdeslam, quien se cree también tenía el cuerpo lleno de explosivos, tal vez llevó a los atacantes a las inmediaciones del estadio antes de dirigirse hacia París.

En total fallecieron 130 personas en los brutales ataques, que comenzaron a las 21.17 y duraron poco más de media hora. Un plan elaborado a lo largo de varios meses se llevó a cabo en cuestión de minutos.

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LO QUE SIGUIÓ

Las señales telefónicas de Abaaoud indican que dejó su auto en un suburbio oriental de París y regresó en el metro al centro de la ciudad, que se llenaba de policías y ambulancias en medio de escenas de pánico, de acuerdo con los fiscales franceses.

Abaaoud no fue el único atacante que abandonó su vehículo. En el norte de París, Salah Abdeslam estacionó uno de los autos alquilados en el arrondissement 18, compró una tarjeta SIM y llamó a dos amigos en Bruselas, pidiéndoles que lo fuesen a recoger, para lo que tendrían que manejar toda la noche. Las autoridades dijeron que encontraron un chaleco con explosivos en un cesto de basura que se cree le pertenecía. Al atribuirse los atentados, Estado Islámico mencionó los ataques del estadio, Bataclan, bares y restaurantes, y también uno en el arrodissement 18 que no se llevó a cabo.

Ait Boulhacen, mientras tanto, recibió una tensa llamada de su primo. Necesitaba un sitio donde quedarse. Rápido.

Ella le pidió ayuda al individuo que le vendía drogas, según la policía francesa. El mundo del extremismo islámico se entreveraba una vez más con el de la delincuencia común. El contacto de Ait Boulhacen se comunicó con Jawad Bendaoud, un matón callejero y delincuente común que mató accidentalmente a su mejor amigo en medio de una pelea por un teléfono celular, de acuerdo con documentos legales.

El 17 de noviembre, alguien que usó la misma identificación falsa que uno de los acompañantes de Salah en septiembre hizo un giro de 750 dólares a Ait Boulhacen desde Bruselas, según fiscales belgas. Los primos se encontraron en una carretera desierta de una zona industrial y se dirigieron a un departamento en Saint-Denis, a un paso del estadio. Al amanecer, fallecieron en medio de una feroz balacera y de explosiones. Bendaoud fue detenido, mientras se quejaba ante cámaras de televisión de que solo estaba "haciendo un favor".

La madre de Ait Boulhacen se limitó a decirle a la Associated Press: "Hasna murió. No tengo nada más que decir".

Salah estaba nuevamente en una carretera.

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En este despacho colaboraron los redacrores de AP Hamza Hendawi, John-Thor Dahlburg (desde Bruselas), Nicolas Vaux-Montagny, Philippe Sotto (París), Annabelle Azade (Saint-Denis), Pablo Gorondi (Budapest), olleen Barry (Milán) y George Jahn (Viena).