Al menos 470 personas han muerto en tan solo un distrito de la región suroeste de Haití devastada por el huracán Matthew mientras que el país se prepara para un incremento en los casos de cólera y enfrenta lo que podría convertirse en la peor crisis humanitaria desde el catastrófico sismo de 2010.
Fridnel Kedler coordinador de la Agencia de Protección Civil en Grand-Anse, dijo a The Associated Press el sábado que las autoridades aún no han logrado llegar a dos comunidades en ese departamento, tres días después que Matthew azotara como tormenta de categoría 4.
"La cifra de muertos seguramente aumentará", declaró.
El gobierno de Haití ha calculado que al menos 350.000 personas necesitan algún tipo de ayuda, y los funcionarios se muestran especialmente preocupados sobre Grand-Anse, ubicado en el extremo norte de la península suroeste, donde creen que la cantidad de muertos y los daños son máximos. Cuando el huracán Flora de categoría 4 golpeó Haití en 1963, mató a cerca de 8.000 personas.
La cifra total de muertos sigue siendo desconocida. El número de fatalidades es con frecuencia difícil de tabular en el período inmediatamente posterior a un desastre natural en cualquier país, aunque es particularmente difícil en el suroeste de Haití, remoto y montañoso.
Los reportes de muertes en esas áreas se tardaban para llegar a la sede de la Agencia de Protección Civil en Puerto Príncipe, donde las autoridades informaron que la cifra oficial de fallecidos en todo el país hasta ahora es de 336 personas. Se desconoce de momento si algunos de los 470 muertos en Grand-Anse fueron incluidos en ese conteo. La agencia añadió que más de 60.000 personas permanecen en refugios.
Funcionarios de salud en Jeremie, la principal ciudad de Grand-Anse, reportaban un creciente número de pacientes de cólera mientras las clínicas batallan por restablecerse tras el paso de la tormenta.
Petuelle Fontaine, un trabajador del sector que supervisa el centro de atención del cólera al aire libre en una esquina del principal hospital de Jeremie, dijo que están mal equipados a atender a los pacientes. El área estaba cubierta con ramas de árboles.
"Aquí no tenemos vacunas para el cólera. Ni una", declaró con el sudor goteando de sus cejas mientras atendía a los enfermos.
El viernes llegaron 18 pacientes, y otros nueve acudieron el sábado por la mañana.
Entre ellos se encontraba Bellot Phafoune, una mujer en la última etapa de embarazo quien dijo que empezó a sentir los síntomas del cólera el viernes después de comer.
"No quería tomar ningún riesgo y me apresuré a venir", dijo Phafoune, que se encontraba en una aldea rural que se encuentra aproximadamente a una hora de Jeremie por tierra.
La Organización Panamericana de la Salud y otros grupos advirtieron sobre un aumento en los casos de cólera por las inundaciones generalizadas provocadas por Matthew. El actual brote de cólera ha matado de antemano a aproximadamente 10.000 personas en todo el país y ha enfermado a más de 800.000 desde 2010, cuando la enfermedad infecciosa llegó al país por el mayor río del país desde una base de Naciones Unidas donde estaban desplegados integrantes de los cascos azules nepaleses.
Funcionarios de Naciones Unidas dijeron que el Fondo Central de Respuesta a Emergencias (CERF por su sigla en inglés) de la ONU destinará cinco millones de dólares para ayudar a Haití. Durante esta semana, el fondo otorgó un préstamo de ocho millones de dólares a la UNICEF para mejorar la respuesta ante la epidemia de cólera en Haití.
En medio del sufrimiento, la ayuda comenzó a llegar a la localidad costera de Jeremie, donde miles de viviendas quedaron afectadas o destruidas y muchos se enfrentan a la escasez de comida y a un riesgo cada vez mayor de un brote de cólera. Decenas de jóvenes acudieron a la pequeña pista de aterrizaje junto a la costa para ver cómo un helicóptero descargaba cajas de alimentos y agua.
"Mi casa está totalmente destrozada y escuché que estaban trayendo comida", dijo Richard David, de 22 años y uno de los que acudió al aeropuerto. "Hoy no he tomado nada más que agua y tengo hambre".
Solette Phelicin, una madre de cinco hijos que perdió su casa y la pequeña parcela donde cultivaba frutas y verduras, observaba desde su patio mientras soldados de paz de la ONU patrullaban la pista de aterrizaje. Dijo que tienen hambre y necesitan comida con urgencia.
"Jeremie podría reconstruirse después de mi muerte, quizá, pero lo dudo", lamentó.
El huracán dejó signos de devastación en toda la península suroeste. En las afueras de Jeremie, las casas en ruinas se sucedían una tras otra. Drew Garrison, un misionero asentado en Haití que voló a la región el viernes, dijo que varias localidades de pescadores estaban anegadas y que pudo ver cadáveres flotando en el agua.
"Todo lo que no era de concreto estaba arrasado", manifestó Garrison, cuya organización Mission of Hope Haití, con sede en Austin, Texas, movilizó una barcaza cargada con productos de emergencia el sábado. "Había varios pueblos pequeños de pescadores que parecían desolados, sin vida".
En Jeremie, Jislene Jean-Baptiste inspeccionaba entre los restos de la vivienda de una habitación que la abuela comparte con sus tres hijas y sus nietos. No quedaba mucho. La marejada provocada por la tormenta superó la carretera y anegó todo lo que tenía en un agua salada que le llegó hasta la cintura, estropeando el arroz y el azúcar que vende en el mercado para mantener a su familia. Después, el viento arrancó el tejado de la vivienda.
"La tormenta fue lo más aterrador que nos ha pasado aquí", dijo.
FUENTE: AP



