Duterte, que se comparó a Hitler, visita el memorial de la Shoá en Jerusalén. Foto/AFP

AFP

El presidente filipino Rodrigo Duterte, quien se comparó a Hitler antes de disculparse, visita este lunes el Memorial de la Shoá en Jerusalén, tras reunirse con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

La oposición al gobierno de derecha de Netanyahu y los defensores de los derechos humanos critican la visita de tres días del dirigente filipino, conocido por su lenguaje insultante y grosero, y adalid de las ejecuciones extrajudiciales.

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Pero Duterte y Netanyahu destacaron las "fuertes relaciones" y una "amistad floreciente" tras la firma este lunes de tres acuerdos, comercial, científico y sobre los miles de filipinos que trabajan como ayudantes domésticos en Israel.

"Compartimos una misma pasión por la paz" afirmó Duterte. "Pero compartimos la misma pasión cuando se trata de impedir que nuestros países sean destruidos por gente con una ideología que sólo conoce el asesinato y la destrucción".

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Los detractores de esta visita --presentada como oficial por Israel y no como visita de Estado-- no se han privado de recordar unas declaraciones de Duterte sobre Hitler en septiembre de 2016, tres meses después de ser investido.

Duterte respondió entonces las críticas estadounidenses y europeas a sus sangrientos métodos para combatir la criminalidad y el tráfico de droga.

"Hitler masacró a tres millones de judíos. Bien, hay tres millones de drogados (en Filipinas). Yo estaria feliz en masacrarlos" había afirmado, citando un falso número de judíos asesinados, cifrados en seis millones.

Ello generó una profunda indignación internacional y entre los judíos. Israel habló de "declaración desafortunada" y pidió una clarificación.

Duterte se disculpó entonces y visitó días después una sinagoga.

Tras su llegada a Israel el domingo por la noche, Duterte también se refirió a otro de sus insultos en 2016, y se disculpó ante el expresidente estadounidense Barack Obama por haberlo llamado "hijo de puta".

Este lunes, el presidente filipino visita en Jerusalén el memorial Yad Vashem dedicado a la Shoá.

"Un admirador de Hitler en Yad Vashem", editorializa el diario de izquierda Haaretz, "Israel demuestra una vez más que está dispuesto a cerrar los ojos sobre las violaciones de los derechos humanos por parte de dirigentes de este mundo en nombre de la venta de armas y de contratos de defensa".

"Bibi (apodo de Netanyahu) está dispuesto a disculpar a un dirigente ilegítimo que se vanagloria de masacrar a sus ciudadanos y violar los derechos humanos ¿y por qué razón?" Porque Duterte va a apoyar la ocupación" israelí de los Territorios palestinos, escribe en Facebook Tamar Zandberg, jefa del partido de izquierda Meretz.

La visita de Duterte es la primera de un jefe de Estado filipino a Israel desde el establecimiento de relaciones diplomáticas hace 60 años entre ambas naciones.

Filipinas acogió a un millar de judíos que huían de la Shoá, y votó en 1947 la resolución de la ONU sobre la partición de Palestina, al crearse el Estado de Israel.

Para Netanyahu, la visita de Duterte le permite reforzar alianzas diplomáticas al margen de los tradicionales aliados de Israel, y firmar contratos de defensa.

En los últimos meses, Netanyahu ha sido criticado por recibir a dirigentes nacionalistas como el primer ministro húngaro Viktor Orban.

El gobierno israelí tomó buena nota de que Filipinas se abstuviera de votar en diciembre una condena adoptada por la Asamblea general de la ONU contra el reconocimiento por Estados Unidos de Jerusalén como capital de Israel.

Filipinas se convirtió en 2017 en importante cliente de productos de defensa israelíes, y compró sistemas de radares y material antitanque por 21 millones de dólares.

En este visita de Duterte podría haber más contratos, pues Manila prevé un programa de varios miles de millones de dólares para modernizar sus fuerzas armadas.

La llegada al poder de Duterte se tradujo además por una degradación de las relaciones con Washington. Aunque ahora hayan mejorado con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Duterte ha reorientado claramente su diplomacia hacia Pekín y Moscú.

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