El líder de la mayoría republicana, Mitch McConnell

AFP

El Senado de Estados Unidos abrió este lunes para sus primeras sesiones regulares en más de un mes, con directrices por el coronavirus, en un contexto de ansiedad por la pandemia que deja más de 68.000 muertos en el país y millones de desempleados.

Los legisladores, que tienen la recomendación, pero no la obligación, de usar mascarillas, deben abordar debates sobre cómo hacer frente al avance del virus y cómo mitigar su impacto a la economía.

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El Senado, compuesto por 100 senadores y controlado por los republicanos, no sesionaba de forma plena desde el 25 de marzo, no en vano, 49 legisladores tienen más de 65 años y por lo tanto forman parte del grupo de riesgo.

La Cámara Baja, de 435 miembros y que está controlada por los demócratas, optó por no sesionar todavía.

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"Llegó el momento para nosotros de seguir conduciendo los asuntos de nuestra nación en formas que sólo son posibles con los senadores aquí en la capital", dijo el líder de la mayoría republicana, Mitch McConnell.

El político -que por los pasillos iba con la boca cubierta por una mascarrilla quirúrgica- señaló que la Cámara va a funcionar de la forma más inteligente y segura que sea posible.

"Vamos a venir a trabajar como trabajadores esenciales que somos", agregó.

El líder de la minoría demócrata, Chuck Schumer, advirtió que debían prepararse para "una de las sesiones más extrañas de la historia reciente del Senado de Estados Unidos", sin saludos de mano ni reuniones entre colegas.

El jefe de la minoría republicana de la Cámara Baja, Kevin McCarthy, se declaró a favor de una apertura "híbrida", incluyendo los comités, en un momento en que Washington y el resto del país debaten cómo y cuándo iniciar el desconfinamiento.

Pero los líderes demócratas que controlan la Cámara de Representantes se negaron, citando los riesgos sanitarios y recordando una advertencia del médico del Congreso, Brian Monahan, que afirmó que la ciudad de Washington aún no había aplanado suficientemente la curva de nuevos casos de coronavirus.

Los senadores que volvieron al Capitolio fueron aconsejados por el doctor Monahan que mantuvieran una distancia social, usaran mascarillas, limitaran el número de empleados en las oficinas, utilizaran gel desinfectante y evitaran los apretones de mano.

El regreso del Senado se da tras un choque entre los líderes del Congreso y el presidente Donald Trump.

Después de que se informara la semana pasada a los legisladores que la oficina médica del Capitolio no podría hacer pruebas de detección de virus a todos los miembros del Congreso, el gobierno de Trump se ofreció a realizarles pruebas rápidas.

Pero en un inusual mensaje conjunto el sábado la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, y el líder del Senado, McConnell, rechazaron la oferta, puntualizando que las pruebas deberían reservarse para los ciudadanos.

"Al no querer el test especial de cinco minutos, el Congreso está diciendo que no es 'esencial'", tuiteó Trump.

"¡En cualquier caso, tenemos una gran cantidad de pruebas y hemos realizado 6,5 millones de exámenes, lo que es más que todos los países del mundo juntos!", agregó.

Los demócratas se quejaron de que McConnell estaba reanudando las sesiones pero que no tenía en el programa de la semana ninguna propuesta para la lucha contra la pandemia.

Este lunes, el Senado tiene previsto analizar la confirmación de una nominación para la Comisión Regulatoria Nuclear y más tarde en la semana la de un juez federal.

Schumer afirmó que el Senado debería abordar los problemas de los estadounidenses que sufren por la crisis del COVID y "no estar confirmando a jueces de extrema derecha o protegiendo a las grandes empresas que ponen en riesgo a sus trabajadores".

Los pasillos del Capitolio estaban inusualmente silenciosos, con pocos empleados yendo de una oficina a otra, algunos con tapabocas, otros sin ninguna protección.

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