La mitad de la población ya vive por debajo del nivel de pobreza y la eliminación de los subsidios agravará la inflación y podría desatar saqueos en busca de alimentos

AP

En menos de un año, el Líbano soportó un derrumbe económico, manifestaciones de protesta masivas, un colapso financiero, la pandemia del coronavirus y una explosión devastadora que destruyó casi totalmente el principal puerto del país.

Y lo peor todavía podría estar por delante.

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Las reservas del país se están agotando y se anticipan nuevas devaluaciones. Los libaneses, la mitad de los cuales viven en la pobreza, podrían tener que soportar otro gran aumento de los precios de los productos básicos. Los enfrentamientos armados entre grupos rivales, por otro lado, van en aumento.

Los políticos se pelean entre ellos y no han sido capaces de formar un gobierno, lo que hace imposible conseguir ayuda financiera del exterior.

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Las crisis política y económica bien podrían generar violentos alzamientos.

“Si no hay cambios grandes en los cálculos políticos de los distintos bandos, en las semanas venideras se mantendrá el estancamiento y continuará un gobierno interino que no está en condiciones de implementar reformas serias. Así, se acelerará el colapso de la economía”, dijo Mike Azar, es profesor de finanzas de Johns Hopkins SAIS.

Un plan del presidente francés Emmanuel Macron que se frustró la semana pasada por las disputas internas era visto como la última oportunidad que tenía el país de salir de la crisis más grave que enfrenta desde la guerra civil de 1975-90. Contemplaba un período de seis meses para que un gobierno de unidad integrado por expertos produjese reformas. Al no confiar en los corruptos líderes del Líbano, Occidente supedita la ayuda a esas reformas.

Otro elemento que incide son las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán.

El gobierno de Donald Trump está presionando a Irán y sus aliados, incluida la milicia libanesa de Hezbollah. Sancionó a dos políticos allegados a Hezbollah, incluido el exministro de finanzas, en medio de los esfuerzos por formar un gabinete. Esto alimentó las sospechas de que Washington estaba tratando de aislar a Hezbollah y de disminuir su papel en el nuevo gobierno.

El secretario de estado estadounidense Mike Pompeo criticó abiertamente a Macron por reunirse con elementos de Hezbollah durante su visita al Líbano y prometió más sanciones contra esa agrupación y sus aliados.

Hazem al-Amin, un periodista que se opone a Hezbollah, escribió que la organización puso al pueblo libanés en el medio de una “confrontación abierta” con Estados Unidos.

En un artículo en el portal Daraj, dijo que Estados Unidos quiere exprimir a Hezbollah antes de las elecciones del 3 de noviembre y que Hezbollah está esperando los resultados de esas elecciones, apostando a que Trump pierda.

Pero, ¿puede esperar el Líbano?

La semana pasada se preguntó al presidente Michael Aoun, aliado a Hezbollah, adónde iría a parar el país si no se formaba un nuevo gobierno y él respondió: “Al infierno, por supuesto”.

En una conferencia de prensa del domingo, Macron dijo que se sentía “avergonzado” ante la incapacidad de los líderes políticos libaneses y advirtió que existía el peligro de una “nueva guerra civil” si no hacen a un lado sus intereses sectarios y personales para destrabar la ayuda internacional.

Esa ayuda es más necesaria que nunca.

En las próximas semanas se espera que el Banco Central suspenda los subsidios de bienes básicos. A la luz del derrumbe de la divisa local, el banco ha estado usando sus reservas para importar combustible, trigo y medicinas.

La mitad de la población ya vive por debajo del nivel de pobreza y la eliminación de los subsidios agravará la inflación y podría desatar saqueos en busca de alimentos. El orden deberían imponerlo unas fuerzas armadas desmoralizadas, cuyos sueldos, al igual que los de los demás libaneses, bajaron un 80% en relación con el dólar.

“La amenaza es real. En el último mes hubo un par de incidentes que indican que hay muchas armas dando vueltas y muchos jóvenes desocupados dispuestos a usarlas”, expresó Keiko Wimmen, director de proyectos sobre el Líbano, Irak y Siria del International Crisis Group.

Agregó que los enfrentamientos entre grupos locales pueden ser algo cotidiano.

La vida, mientras tanto, se hace cada vez más dura.

Un vertedero de basura de Beirut está casi al límite de su capacidad, lo que puede generar una nueva crisis. Los hospitales luchan por salir adelante sin fondos y en medio de una pandemia. Cuesta conseguir medicinas. Aumentan la pobreza y la delincuencia, lo mismo que las tensiones sectarias impulsadas por políticos que buscan conservar sus puestos un poco más.

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