La estrategia es más difícil de llevar a la práctica en medio de una grave crisis de salud pública y el deterioro de la economía por el virus

AP

La campaña de Donald Trump cree que tiene la fórmula para que el mandatario sea reelegido: Captar el voto de millones de personas que no votaron por él en el 2016 y lo harían en esta ocasión.

Supuestamente, estos votantes son ignorados por las encuestas que dan ventaja a Joe Biden. Son mayormente personas de raza blanca que trabajan en fábricas, el campo y minas de comunidades a las que Trump les ha dado un status casi mítico, de “estadounidenses olvidados”.

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No confían en los políticos tradicionales. Pero acuden masivamente a los actos del presidente, llenan sus casas de carteles y se inscriben para votar, según la gente de Trump.

Esta estrategia será puesta a prueba en Pensilvania, un estado clave que Trump ganó por 44.292 votos de un total de 6,1 millones en el 2016. Trump se llevará los 20 votos electorales de Pensilvania solo si es cierto que tiene una base fuerte que no se hace ver y esa base acude a las urnas.

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“Trump tiene que movilizar a la gente”, djio Terry Madonna, profesor del Franklin & Marshall College de Lancaster que lleva haciendo encuestas en el estado por casi tres décadas. “Yo no veo indicio alguno de que haya ampliado su base”.

La estrategia es más difícil de llevar a la práctica en medio de una grave crisis de salud pública y el deterioro de la economía por el virus.

La suerte de Trump bien podría decidirse en sitios como el Butler County, un conddo al norte de Pittsburgh, abrumadoramente blanco y conservador. La economía gira en torno a la producción industrial y la extracción de petróleo con la técnica fracking.

La participación de los republicanos en el 2016 fue de un robusto 80%. El partido dice que esta vez quieren que llegue al 90%. Con ese fin, su campaña trata de promover el voto en otras comunidades rurales y suburbanas del estado.

Al Lindsay, abogado de 74 años que lidera a los republicanos del Butler County, dice que los esfuerzos por inscribir votantes se ven facilitados por la frustración en torno a los confinamientos de la pandemia y la sensación de que los demócratas no entienden a las personas religiosas ni a quienes viven en zonas rurales.

“Trump nos da fuerza, nos alienta a no bajar los brazos, a defender las buenas causas”, afirmó Jondavid Longo, el alcalde de Slippery Rock. “Hazte oír cuando crees que es necesario levantar la voz”.

Los republicanos como Longo tratan de inscribir nuevos votantes, pero también le apuntan a gente como Dane Patricelli, un obrero de la construcción de 27 años más bien conservador pero que en el 2016 votó por el candidato del Partido Libertario Gary Johnson.

En esa ocasión le pareció que Trump era una incógnita, pero esta vez votará por él. Pensaba que Biden era un moderado a pesar de que el Partido Demócrata está girando hacia la izquierda. Sin embargo, el último debate lo convenció de apostar a Trump.

“Me gusta Trump porque está agitando el avispero y no se vende a nadie”, sostuvo. “Se apega a sus promesas”.

A los republicanos les costará contrarrestar el entusiasmo que generan los demócratas.

Catherine Lalonde, una enfermera de 59 años, ni siquiera estaba registrada como demócrata en el 2016, pero hoy lidera la rama del partido en el condado de Butler. Hace cuatro años los demócratas ni siquiera tenían una oficina allí. Hoy abundan los activistas que todas las mañanas tratan de reemplazar carteles demócratas dañados o robados por la noche.

Tal vez haya más carteles republicanos, pero los demócratas sienten la necesidad de expresarse cada vez más.

“En otros años la gente tendía a ser más cautelosa y no colocaba muchos carteles en un territorio republicano”, dijo Lalonde. “Este año sienten que tiene que hacerlo”.

En el Butler County, sin embargo, hay muchos más republicanos listos para votar que demócratas. Y a menudo sienten que todo está en juego.

Bill Adams, de 76 años, lamenta la declinación del sector industrial estadounidense y cree que el país está al borde de un precipicio, que los demócratas destruirían al empresariado y tal vez acabarían con las libertades personales.

“Nunca vi nada como esto. Estamos como estaba Venezuela antes de que los socialistas tomasen el poder”, sostuvo. “Esta es la opción que hay por delante. No es que lo diga yo. Es lo que nos dice la historia”.

Trump necesitará mucha gente como Adams para conservar la presidencia.

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