Un total de diez privados de libertad que cumplían condenas por delitos menores de un año en el Centro de Rehabilitación El Renacer, realizaron este lunes una serie de trabajos comunitarios de limpieza en el sector de Mano de Piedra, distrito de San Miguelito.
Estos privados con edades de 20, 30 y 50 años, hoy gozan de una libertad condicional, en la que tendrán que realizar jornadas de trabajo de ocho horas diarias hasta terminar sus condenas, ésto bajo la supervisión de la Dirección de Desarrollo Comunitario del Municipio de San Miguelito, entidad encargadas de vigilar y llevar el control de los trabajos que realicen cada uno de ellos.
Los mismos cumplian condenas tras haber sido sancionados por un juez y corregidor en turno con días-multas, conmutables, o su equivalente en dinero, por haber cometido faltas administrativas como peleas callejeras, problemas con vecinos, incumplimiento de fianzas entre otros delitos menores.
“Agradezco a Dios y al alcalde Cumberbatch, por habernos dado la oportunidad de cambiar nuestra condena por trabajo y de esta forma resocializarnos para ser mejores personas”, expresó Gilberto Enrique Palma de 57años, quien cumplia una condena de 330 días y es uno de los privados beneficiados con este programa de resocialización.
En tanto alcalde de San Miguelito Gerald Cumberbatch, manifestó “quedan muchos desafíos por delante en la lucha por promover y mejorar la dignidad, la libertad y los derechos de todos los seres humanos. Sin embargo, en los dos últimos años se han obtenido progresos importantes con los programas de resocialización que viene desarrollando el Municipio de San Miguelito en conjunto con la Policía Nacional”.
Cabe señalar que este cambio se hace cumpliendo con el código administrativo, las personas sancionadas por faltas administrativas, podrán ser conmutadas a solicitud del penado o por la autoridad que la impuso, mediante la prestación de trabajo o en obras comunitarios, bajo la vigilancia y el control de la autoridad, siempre y cuando que ese reemplazo sea aceptado por el penado.
FUENTE: Nimay González