La conocí el otro día en el bar. Hugo, Paola y yo estábamos celebrando los triunfos de una semana exitosa en la oficina, y tratando de relajarnos un poco. Y llegó ella. Parecería una ilusión. Esa misma noche me juré no volverme a enamorar, ni siquiera meterme con una mujer por un buen tiempo, porque ella era todo lo que yo necesitaba.