Barack Obama finalizó en Tokio la primera etapa de su gira asiática con el mal sabor que deja una tarea inacabada: debió mantenerse evasivo en cuestiones territoriales para contentar a Japón sin herir a China y no logró su tan deseado acuerdo sobre el TPP
Tras una visita de Estado de 36 horas, la primera de un mandatario estadounidense en los últimos 18 años, Obama partió este viernes en el avión Air Force One desde el aeropuerto de Tokio-Haneda con dirección al de Osan, cercano a la capital surcoreana Seúl, segunda etapa de su gira asiática.
En Tokio, adonde había llegado el miércoles de tarde, Obama aportó su apoyo a Japón en su diferendo territorial (marítimo) con China, pero eludiendo cualquier agravio contra Pekín, y reafirmó la importancia de la alianza nipo-estadounidense.
Sin embargo, ambos países no lograron ponerse de acuerdo en cuestiones comerciales, concretamente en lo que tiene que ver con un tratado de libre comercio transpacífico (TPP), que involucra a otros diez países, y que Tokio rechaza por cuestiones arancelarias y de política interna.
De forma escasamente diplomática, el número dos del gobierno y ministro de Finanzas, Taro Aso, advirtió que no habrían avances en este tema hasta las elecciones de medio mandato de noviembre en Estados Unidos.
"Obama no es lo suficientemente poderoso como para consolidar todas las opiniones en su país" antes de esos comicios, afirmó.
Con el primer ministro conservador Shinzo Abe, Obama hizo todo para tranquilizar a Japón sobre la presencia y apoyo de su país en momentos en que la tensión entre Tokio y Pekín se encuentra en un punto álgido a causa de las islas Senkaku (Diaoyu para China), un archipiélago inhabitado ubicado en el mar de China oriental, controlado por los nipones pero reivindicado por el gigante asiático, al cual tampoco se le puede ofender en sus intereses.
"Estados Unidos ha desplegado sus tecnologías militares más avanzadas y ha brindado todos los medios necesarios para respetar los compromisos del tratado de cooperación recíproca y de seguridad EEUU-Japón", expresaron ambos países en un comunicado publicado minutos antes de la partida de Obama.
"Estos compromisos conciernen a todos los territorios administrados por Japón, incluidas las islas Senkaku", agrega el coumunicado, retomando declaraciones del presidente norteamericano en una conferencia de prensa que dio el jueves junto a Abe.
Pero, Estados Unidos no ha hecho otra cosa que repetir una posición que mantiene desde hace mucho tiempo: Washington apoyará a Tokio si hay una agresión en torno a las Senkaku, pero no se pronuncia sobre el fondo de la cuestión, o sea, ¿A quién pertenecen estas islas, realmente? Es obvio que no existe interés en desafiar abiertamente a Pekín.
"Japón obtuvo una declaración pública de Obama respecto a las Senkaku y del hecho que quedan 'cubiertas' por el artículo 5º del tratado de defensa bilateral. Esto es bueno para Shinzo Abe, incluso aunque no hay nada nuevo en el fondo, y no cambia nada", observó Robert Dujarric, especialista en relaciones estadounidenses-japonesas, quien considera que no pasó gran cosa durante la corta visita del presidente estadounidense.
Si bien Obama también aprovechó su estancia en Tokio para solicitarle a Pekín que convenza a Pyongyang para que abandone su programa nuclear, así como fustigó a Moscú y a Putin por su intervención en Ucrania, éstos sólo fueron golpes de efecto, en la medida que lo esencial de la visita fracasó.
Tokio y Washington no lograron ponerse de acuerdo sobre un Tratado de libre comercio transpacífico (TPP), a pesar de las intensas conversaciones mantenidas durante esta visita.
En declaraciones realizadas algunas horas antes de la partida de Obama, el ministro de Revitalización económica, Akira Amari, admitió que no se había logrado "un acuerdo de base".
"En las conversaciones entre los dos líderes y ministros, pudimos confirmar cuál es el camino para resolver algunas importantes cuestiones pendientes entre Japón y Estados Unidos", dijo Amari a la prensa.
Obama instó a Japón a tomar "medidas audaces" para poder sellar el TPP, un gran acuerdo que cubrirá aproximadamente al 40% de la economía global, y además se trata de un aspecto central para el presidente norteamericano para un nuevo enfoque de las relaciones estadounidenses con Asia.
Este ambicioso acuerdo, que concierne a 12 naciones con costas sobre el Océano Pacífico (entre ellas México, Perú, Chile) se ha estancado entre Tokio y Washington a causa de aspectos claves, que incluyen, por ejemplo, los aranceles japoneses a las importaciones agrícolas, y el acceso de Estados Unidos al mercado automotriz de su gran "aliado" asiático
FUENTE: AFP




