La entrega a EE.UU. de Carlos Arnaldo Lobo, el pasado jueves, marca el inicio de una cadena de extradiciones de narcotraficantes hondureños y extranjeros que en las últimas cinco décadas han blanqueado a Honduras con cocaína.
Según el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Rivera, otras siete peticiones de extradición están pendientes de aprobación.
Se trata de dos hondureños y cinco extranjeros que Rivera no ha identificado, en un país con una Justicia salpicada por la corrupción de jueces y magistrados en el pasado reciente, pero que ahora parece que caminan a adecentar ese poder del Estado.
El narcotráfico en Honduras comenzó a tomar fuerza a finales de los años 60 e inicios de los 70 del siglo pasado, pero entonces las advertencias de analistas y expertos en el tema de que se podría estar gestando un monstruo de mil cabezas no fueron o no quisieron ser escuchadas por las autoridades, entonces bajo el mando militar.
El blanco que se impregnó en los uniformes de algunos policías y militares, incluidos altos oficiales de aquellos años, no fue precisamente por una limpia hoja de servicios, sino por la cocaína, pero entonces los uniformados eran intocables en el país.
La corrupción que corroe a Honduras ya había echado raíces, tanto que en 1975 el entonces jefe de Estado, Oswaldo López, quien derrocó a dos Gobiernos civiles -en 1963 y 1972- fue depuesto en 1975 por sus compañeros de armas por un soborno bananero de dos millones de dólares que pagó una multinacional estadounidense.
La principal ruta del narcotráfico procedente de América del Sur, con Estados Unidos como su principal destino, siempre fue el Caribe.
Las autoridades hondureñas nunca han ignorado cómo y dónde ha operado el narcotráfico, que ante tanta impunidad, en muchos casos por el temor a ser asesinados de algunos jueces y magistrados, han llegado a controlar territorios donde no hay ley que valga.
El narcotráfico en Honduras ha hecho surgir como por arte de magia a muchos millonarios, con mansiones, ganaderías, caballos de raza, industrias, vehículos de lujo y otros bienes, lo mismo que bandas musicales que con sus narcocorridos le rinden apología al crimen.
En el norte del país, de la noche a la mañana surgió un zoológico impresionante con unos 300 animales africanos que fue incautado por el Estado en septiembre de 2013, sin que hasta ahora se conozca quiénes son sus dueños.
En Honduras, por donde pasa el 80 % de la droga enviada a EE.UU., hay alcaldes de pueblos pobres, con un salario que no supera los 500 dólares, que se movilizan en poderosos vehículos todoterreno, custodiados por un nutrido grupo de guardias de seguridad personal.
Según relatos de pobladores, incluso hubo pueblos de Honduras en los que las elecciones generales de noviembre fueron controladas por el narcotráfico, lo que no ha desmentido ni confirmado el Tribunal Supremo Electoral de Elecciones.
Ese "progreso económico" de unos pocos, que a muchos les aterra, comenzó a asomar como un paraíso blanco hace unos 30 años en departamentos como Gracias a Dios, Colón, Atlántida, Yoro, Cortés, Santa Bárbara, Copán, Ocotepeque y Olancho, regiones que abarcan la región caribeña, norte, occidental y oriental de Honduras.
En departamentos lejanos como Colón, una zona fértil para la agricultura, varios tramos de la carretera principal que conduce al puerto de Trujillo hasta hace unos pocos años eran tomados por narcotraficantes fuertemente armados para que las avionetas repletas de droga aterrizaran, descargaran y volvieran a despegar.
A medida que fue creciendo la actividad del narcotráfico también fueron aumentando las pistas de aterrizaje clandestinas, muchas propiedad de empresarios locales.
Según las actuales autoridades de Seguridad, en los últimos meses han sido destruidas unas 23 pistas clandestinas que eran utilizadas por narcotraficantes.
En el presente siglo el aterrizaje de avionetas se volvió más frecuente, lo mismo que el tráfico por mar con lanchas dotadas de poderosos motores y pequeños submarinos, dos de los cuales fueron hundidos hace unos pocos años en aguas del Caribe hondureño.
El narcotráfico también ha obligado a muchos periodistas del interior del país a autocensurarse por temor a ser asesinados.
La extradición de Carlos Arnaldo Lobo también ha revivido la entrega, violentando las leyes, de otro hondureño, Juan Ramón Mata, acusado y condenado a cadena perpetua por Estados Unidos.
Mata fue capturado por agentes antidrogas de Estados Unidos en coordinación con autoridades locales, cerca de su mansión en el extremo sur de Tegucigalpa, en mayo de 1988.
Analistas locales coinciden en que la extradición de Lobo contribuye a fortalecer las relaciones entre Tegucigalpa y Washington, pero no frenará el narcotráfico que campea en Honduras.
El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, dijo el jueves que la extradición de Lobo es "algo inédito en el país, pero que marca un nuevo tiempo para la Justicia en Honduras".
Señaló además que la extradición "envía un mensaje muy claro de la voluntad del pueblo y Gobierno de Honduras y de todas sus instituciones de luchar frontalmente contra el crimen organizado y el narcotráfico".
FUENTE: EFE