En la extensa franja de territorio que controlan en Siria e Irak, islámicos extremistas del grupo conocido como Estado Islámico para Irak y el Levante han demostrado ser diligentes administradores.
Cuentan con bastante efectivo, arreglan caminos, tienen policías de tránsito, administran cortes e incluso han instaurado un sistema de exportación de petróleo extraído ilegalmente desde los campos que ellos mismos controlan.
Pero los extremistas —una mezcla de iraquíes y sirios, pero también combatientes de otros países árabes y no árabes como el Cáucaso— corren el riesgo de contrariar a la gente a la que ansían gobernar.
A diferencia del grupo radical libanés Jezbolá o el palestino Hamas, que surgieron de sus comunidades, el Estado Islámico para Irak y el Levante no tiene un movimiento de raíz y la influencia sobre sus poblaciones se basa principalmente en la violencia, no necesariamente una base sólida de apoyo para su visión y su anhelo de instaurar un califato islámico. Aunque ha sido bien recibido por algunos suníes de Irak que los ven como potenciales salvadores del gobierno dominado por chiíes, muchos consideran al grupo una entidad ajena.
Al reconocer eso, el grupo ha variado la imposición de la versión radical del islam por la que abogan. En su principal bastión en Siria, la ciudad de Raqqa, la han aplicado sin reserva, matando a quienes perciben como infractores y cortando las manos a los ladrones en público.
Pero en Mosul, la segunda ciudad de Irak, han sido más cautos. Han dado algunos pasos como prohibir las escuelas y pintar sobre anuncios en las calles que muestran el rostro de mujeres, pero no han aplicado estrictos castigos hasta ahora.
La ciudad iraquí de Duluiyá es un primer ejemplo de los resultados de la extralimitación.
Hace unas semanas, un pequeño grupo de combatientes del EEIL y otros insurgentes entraron a la ciudad de predominancia chií que está justo al norte de Bagdad y fueron bien recibidos por los habitantes, dijo uno de ellos, Jasim Mohamed. Pero en cuestión de días los combatientes islámicos colocaron listas de hombres "buscados", incluyendo a policías y empresarios locales.
Eso hizo que los habitantes se levantaran y los expulsaran, dejando al pueblo bajo control de líderes tribales sunís, dijo Mohamed.
El domingo, combatientes del EEIL volvieron a entrar a Duluiyá, capturaron la alcaldía, la comisaría, un concejo local y un tribunal.
En Raqqa y otras partes de Siria, el grupo también ha cortado toda ayuda humanitaria y comercio. Y es en esta ciudad donde podría originarse un contragolpe.
Un activista de esa ciudad que no quiso dar su nombre por motivos de seguridad, dijo que el EEIL quiere funcionar como estado, pero al final lo único que tiene son armas y dinero.
"Es imposible seguir así, porque la gente los odia", dijo.
FUENTE: AP