Residentes de Carolina del Sur, todavía sacudidos por el inimaginable asesinato de nueve afro-estadounidenses en una iglesia, organizaban protestas este sábado a lo largo del Estado, expresando su angustia, rabia y deseos de cambio.
En la capital estatal, Columbia, los manifestantes realizarán una marcha contra la bandera de guerra confederada, para muchos un símbolo del racismo todavía vigente en la región.
En una ceremonia en memoria de los nueve feligreses negros muertos por un supremacista blanco en una tradicional iglesia de Charleston, era evidente la indignación contra el despliegue de la bandera confederada en la capital, objeto de controversia desde hace años.
Los manifestantes planean reunirse al atardecer frente al edificio de la legislatura, donde permanece desplegada la bandera desde la época de la Guerra Civil. Solamente la legislatura puede decidir arriarla, según funcionarios estatales.
"Es hora de dejar atrás ese símbolo de la rebelión y el racismo y avanzar para restañar las heridas y hacia un Estados Unidos mejor", exhorta una petición en línea de la organización de izquierda MoveOn.org, que recogió 320.000 firmas hasta el momento.
Las banderas estadounidense y de Carolina del Sur fueron colocadas a media asta luego de la masacre del miércoles en la iglesia Africana Metodista Episcopal Emanuel, una de cuyas víctimas fue Clementa Pinckney, pastor y senador demócrata estatal.
Otra protesta se realizará en Charleston, lugar de la tragedia, convocada por el movimiento Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan).
Dylann Roof, de 21 años, fue acusado formalmente el viernes de nueve cargos de asesinato por el ataque, mientras las autoridades federales investigan la matanza como un posible acto de "terrorismo doméstico".
La masacre ha reavivado también el debate sobre el control de armas en Estados Unidos, con un claramente frustrado presidente Barack Obama llamando nuevamente a una mayor regulación en la venta de armas de fuego para evitar este tipo de "muertes sin sentido".
Parientes afligidos de las nueve víctimas expresaron con la voz quebrada su tristeza pero dijeron también "perdonar" a Roof, durante una audiencia en un tribunal en Charlestone en la que se ordenó su detención sin fianza.
Emily Pierce, vocera del Departamento de Justicia, dijo el viernes que las autoridades están investigando este crimen desde todos sus ángulos.
"Sin duda este episodio desgarrador fue perpetrado para infundir miedo y terror entre la comunidad y el Departamento (de Justicia) está investigando este crimen (...) tanto como un crimen de odio como un acto de terrorismo doméstico", dijo.
La gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, dijo el viernes que Roof debía ser condenado a muerte si era declarado culpable. La pena capital es legal en este estado.




