Panamá Entretenimiento -  13 de enero de 2026 - 11:52

Desfile de las Mil Polleras: el origen de un evento que hoy define la identidad panameña

El Desfile de las Mil Polleras nació como una expresión cultural y hoy es uno de los símbolos más representativos de la identidad panameña.

Desfile de las Mil Polleras: cuándo y dónde comenzó

El primer Desfile de las Mil Polleras se realizó el 28 de junio de 2003 en la ciudad de Panamá. Surgió como una iniciativa cultural para exaltar el traje típico nacional y destacar el trabajo artesanal que hay detrás de cada prenda: bordados, tembleques, joyería y técnicas heredadas por generaciones. Aquella primera edición reunió a portadoras de distintas regiones del país con un objetivo claro, mostrar la diversidad de estilos y devolver la pollera al espacio público como símbolo de identidad.

Desfile de las Mil Polleras 2023 en Las Tablas.
Mil Polleras es más que una exhibición, es memoria viva.

Mil Polleras es más que una exhibición, es memoria viva.

De iniciativa cultural a tradición nacional

Con el paso de los años, el desfile creció en convocatoria y alcance. La sede se trasladó a Las Tablas, provincia de Los Santos, donde el evento encontró un entorno profundamente ligado al folclore y a la tradición. Ese cambio consolidó a Mil Polleras como una de las principales vitrinas culturales del país, integrando música típica, comparsas y actividades paralelas que reforzaron su carácter patrimonial.

El respaldo institucional del Estado

La celebración fue institucionalizada mediante la Ley 116 del 10 de diciembre de 2013, que establece oficialmente la realización del Desfile de las Mil Polleras el segundo sábado de enero de cada año. Desde entonces, la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) asumió su organización, reconociéndolo como un evento destinado a exaltar la pollera como símbolo nacional y patrimonio cultural.

Hoy, Mil Polleras es más que una exhibición, es memoria viva. Cada bordado, cada joya y cada peinado narran una historia colectiva que conecta pasado y presente. Su evolución confirma que la cultura no se preserva solo en museos, sino en la calle, caminando al ritmo de la música y la identidad panameña.