Las naves espaciales que llegan al final de su vida útil reposan en el Punto Nemo, ubicado en lo más profundo del océano Pacífico. Este lugar recibe su nombre en honor a la obra 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne.
La NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la agencia espacial rusa Roscosmos envían sus viejas naves a esta zona. Desde 1971, más de 260 máquinas, entre naves, satélites y vehículos de carga, han sido desorbitadas en el Punto Nemo.
National Geographic detalla que el uso del Punto Nemo como cementerio espacial no es casualidad. Su lejanía, aislamiento y la falta de actividad humana o marítima hacen de esta región el lugar ideal para minimizar cualquier riesgo asociado con los restos espaciales. Además, el hecho de que el área se ubique en alta mar, en territorio internacional, lo convierte en un espacio neutral, accesible para cualquier nación que desee deshacerse de sus naves espaciales de manera segura.