El expresidente de Guatemala Alfonso Portillo afirmó este miércoles que regresó a su país después de una condena por corrupción en Estados Unidos "sin sed de venganza" y aún no decide si participará en las elecciones de septiembre.
"Yo regreso al país con una política de bondad, de manos abiertas, no traigo odio, resentimientos, revanchismno y menos sed de venganza, no está en mi corazón eso", dijo Portillo en rueda de prensa en el salón del Protocolo del aeropuerto La Aurora, tras retornar de Denver, Colorado, donde está la prisión en la que concluyó su sentencia.
"Regreso y hay muchas expectativas y muchos comentarios, quiero dejar claro que no me anima ningún puesto de elección popular, lo que sí me anima, y estoy dispuesto a dar todo, es que el país necesita unidad", afirmó.
Sin embargo, dijo que tendrá que analizar las propuestas que estén enfocadas en la democracia y la unidad para decidir si apoya a alguien en las elecciones generales de septiembre próximo.
El retorno del carismático político amenaza con agitar el panorama para las elecciones debido a su elevada popularidad.
Asimismo, el exgobernante reconoció que una parte de la situación precaria, de pobreza y debilitamiento de la democracia es su responsabilidad.
"El país no va bien, todos somos responsables de estas condiciones (...), no deberíamos de quejarnos tanto del país que tenemos y yo hago un paso al frente, soy también responsable por lo que está viviendo el país", aseveró.
"Vengo como el hijo pródigo (...) pero Jesús no vino por los santos sino por los pecadores, vino por mí", agregó.
Portillo volvió este miércoles en la noche a Guatemala después de abandonar el Correccional Federal Englewood de Denver, Colorado, donde cumplió la condena de 70 meses que le impuso el juez federal de Nueva York Robert Patterson.
El exmandatario fue extraditado a Estados Unidos en mayo de 2013 y un año después fue condenado por Patterson por el blanqueo en bancos estadounidenses de 2,5 millones de dólares en sobornos recibidos de Taiwán para que Guatemala mantuviera el reconocimiento diplomático a la isla.
La sentencia fue de 5 años y 10 meses de prisión, pero la justicia norteamericana reconoció el tiempo de prisión servido en Guatemala, donde el expresidente estuvo detenido desde 2010.
Portillo, de 63 años, fue el primer exgobernante latinoamericano entregado por su propio país a la justicia estadounidense.