EFE

Hace tiempo que los colores verde y celeste tienen un significado especial en Argentina. Mientras el primero representa a quienes exigen que se despenalice el aborto, el segundo simboliza todo lo contrario. Una "grieta" que, como la honda división política, también tendrá su calado en las urnas.

Aunque la crisis económica ha acaparado el grueso de los discursos para las elecciones del domingo próximo, dos candidatos presidenciales, el de más izquierda y el de más derecha, han asumido el tema del aborto como puntal de su programa, al tiempo que el presidente Mauricio Macri ha confirmado su posición celeste y su principal adversario, el peronista Alberto Fernández, la verde.

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"Si en la política argentina no somos capaces de garantizar la defensa de la vida al ser más inocente e indefenso, que es el niño por nacer, no le podemos garantizar a ningún argentino ningún derecho. Si hay aborto en Argentina no hay República", cuenta a Efe el exmilitar Juan José Gómez Centurión, postulante del Frente Nos, la única fórmula 100 % 'provida' para los comicios.

Su contraparte es Nicolás del Caño, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, quien tampoco da rodeos: "Es un derecho de las mujeres decidir qué hacer con su propio cuerpo. Más allá de las consideraciones religiosas, morales o el pensamiento individual de cada persona es un problema que hace a la salud pública".

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El código penal vigente, que se remonta a 1921, solo permite interrumpir el embarazo si es por una violación o por peligro de salud de la madre. El resto de supuestos están penados.

EL OCTAVO INTENTO

Por octava vez desde hace más de una década, en mayo pasado diversas organizaciones, con el apoyo de legisladores, presentaron el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), después de que en 2018, en medio de la presión social de la marea verde y celeste (colores de los pañuelos de los manifestantes), los diputados lo aprobaran pero quedara cancelado por el Senado, la cámara más conservadora.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, que coordina la iniciativa, ha vuelto a intentarlo asumiendo las dificultades: la baja actividad del Parlamento en años electorales -el nuevo texto no ha sido todavía debatido- y un Senado que ya dijo 'no' hace apenas unos meses.

Pero mantener la reivindicación en el debate político se torna clave.

"Las movilizaciones, sobre todo de mujeres en el último año y medio, han sido de una contundencia que la discusión no era si se aprobaba o no, la discusión era cuándo, porque esto es algo que va a suceder sí o sí", relata Laura Escalante, médico de familia en salud sexual e integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.

EL FUTURO DEL PROYECTO

El texto presentado este año -que avala que todo ser gestante pueda interrumpir legalmente su embarazo en el sistema de salud hasta las 14 semanas, y más allá de ese plazo para los supuestos ya permitidos- deberá ser ya tramitado tras los comicios, en los que además de nuevo presidente se renovará un tercio del Senado y la mitad de la Cámara de Diputados.

Salvo las dos formaciones políticas ya posicionadas claramente a favor y en contra, el proyecto genera voces por el sí y por el no en el seno del resto de coaliciones, incluidas las dos principales, el conservador Juntos por el Cambio de Macri y el peronista Frente de Todos de Alberto Fernández, quienes de llegar a la Presidencia deberán promulgar o vetar la ley si es aprobada.

A principios de octubre, y tras mucho tiempo sin mencionar el tema, el actual presidente recordó en un acto electoral su postura "a favor de las dos vidas", si bien apoyó en 2018 que se debatiera el proyecto en el Congreso.

Asimismo, Fernández -favorito tras arrasar en las primarias de agosto- confirmó su posición en el primer debate presidencial televisado: "Hay que tender a la legalización porque le vamos a dar la oportunidad a las mujeres pobres que hagan su aborto en condiciones de asepsia, como lo hacen las ricas en los grandes sanatorios”.

LOS ARGUMENTOS VERDES Y CELESTES

Con el lema "educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir", desde la marea verde insisten en que hoy se condena a miles de mujeres sin recursos a morir en una clínica clandestina por no poder pagar -también de forma ilegal pero asegurando mejores condiciones- una privada, en un país con más de un tercio de su población en la pobreza.

"Ahí es donde se pone sobre la mesa la desigualdad", afirma la psicóloga Melina Ceccato, que trabaja en un centro de salud porteño y para quien la clandestinidad es el primer motivo de malestar emocional en las personas que abortan.

Alertan también de casos en que se impide acceder al aborto incluso en los supuestos en los que no es punible y hasta de provincias que dificultan el acceso a la intervención a niñas víctimas de una violación, un delito de alta incidencia en el desfavorecido norte del país.

Mientras, los celestes abogan por proteger "las dos vidas" reforzando las políticas de educación sexual, el control de las clínicas clandestinas y la asistencia a las embarazadas.

"El discurso de la salud pública es una falacia que sostienen para legalizarlo. La legalización del aborto no reduce la mortalidad materna. Lo que la reduce es la educación, el acceso al agua potable, las cloacas...", narra Santiago Santurio, portavoz del Frente Joven, que integra la Unidad Provida.

PESO EN LAS URNAS

El aborto no es una prioridad en la campaña electoral, aunque sí para muchos votantes.

"Las mujeres que deciden interrumpir el embarazo lo van a seguir haciendo. El Estado tiene que dar una respuesta frente a eso", subraya Del Caño, cuarto candidato más votado en las primarias de agosto con el 2,83 % de los sufragios.

El quinto, Gómez Centurión, cosechó el 2,62 %. Y él mismo asegura que gracias principalmente a su postura ante el aborto.

"Si intentan de nuevo ir por el proyecto de ley, la gente va a salir a la calle, y cada vez en forma más militante y más activa", concluye el líder del Frente Nos.

Pase lo que pase en las elecciones, verdes y celestes prometen no darse por vencidos.

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