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La conservadora Liz Truss asume como primera ministra británica

Liz Truss viajó a la residencia escocesa de Isabel II en Balmoral, donde la reina y jefa de Estado le encargó formar gobierno como nueva líder de la mayoría.

La conservadora Liz Truss prometió sacar al Reino Unido de la "tormenta" económica que lo sacude, al convertirse el martes en la nueva primera ministra británica, poniendo fin a los tres años de controvertido mandato de Boris Johnson.

Liz Truss asume como primera ministra británica

"Por muy fuerte que sea esta tormenta, sé que el pueblo británico es más fuerte (...) juntos podemos superar la tormenta", lanzó en un breve discurso frente a la célebre puerta del número 10 de Downing Street, donde minutos antes una lluvia torrencial había amenazado con aguar el acto.

Marcó la economía, la sanidad pública y la crisis energética como sus tres prioridades y aseguró que tomará "acciones esta semana para abordar las facturas de energía", cuya disparada asfixia a los británicos.

Después, entró en sus nuevas oficinas, y residencial oficial, para nombrar a sus ministros.

Hasta ahora ministra de Relaciones Exteriores, Truss, de 47 años, fue designada el lunes vencedora en la elección interna por liderar el Partido Conservador, frente al exministro de Finanzas Rishi Sunak, un multimillonario exbanquero de 42 años, nieto de inmigrantes indios.

El martes fue recibida por la reina Isabel II en el Castillo de Balmoral, residencia real de verano en Escocia, donde le encargó formar gobierno como nueva líder de la mayoría.

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Tercera mujer a la cabeza del ejecutivo británico, tras Margaret Thatcher (1979-1990) y Theresa May (2016-2019), Truss representa al ala más derechista del Partido Conservador y prometió bajar impuestos para impulsar una economía británica al borde de la recesión.

El adiós de Boris Johnson

El traspaso de poder suele hacerse en Buckingham, en el centro de Londres, a menos de 10 minutos en coche de Downing Street. Pero este año, debido a los problemas de movilidad de la reina, de 96 años, Truss y su predecesor tuvieron que viajar más de 800 km hasta Escocia.

Johnson presentó allí oficialmente su renuncia como primer ministro, "que su majestad tuvo graciosamente el placer de aceptar", según un comunicado del Palacio de Buckingham.

El controvertido político conservador, de 58 años, obligado a dimitir a principios de julio por sus propios diputados indignados por una multiplicación de escándalos, dejó Downing Street a primera hora de la mañana, con un discurso pronunciado a sus puertas ante una multitud de seguidores y familiares.

Hizo balance de sus tres años de mandato, recordando que logró en 2019 la más importante mayoría conservadora desde 1987, con la promesa de realizar un Brexit que parecía imposible tras años de caos político.

Desde "la más rápida distribución en Europa de vacunas" contra el covid-19, hasta la "temprana entrega de armas a las fuerzas ucranianas" contra la invasión rusa, pasando por "un desempleo en mínimos nunca vistos desde que tenía 10 años", repasó uno a uno sus logros.

"Soy como uno de esos cohetes impulsores que ha cumplido su función y ahora volveré a entrar suavemente en la atmósfera" y "ofreceré a este gobierno solo mi apoyo más ferviente", aseguró.

Principal reto, la carestía

El miércoles Truss presidirá su primer consejo de ministros y deberá enfrentarse en la Cámara de los Comunes al líder de la oposición, el laborista Keir Starmer, que el lunes la acusó de "no estar del lado de la gente trabajadora", asfixiada por una inflación de más del 10%.

Los hogares británicos harán frente a partir de octubre a un aumento del tope tarifario del 80% en las facturas de gas y electricidad y muchas empresas e instituciones, incluidos hospitales y escuelas, advirtieron que tendrán que hacer recortes o incluso cerrar ante la imposibilidad de pagar.

Elegida en una votación abierta solo a los 172.000 afiliados del Partido Conservador, en un país de 67 millones de habitantes, los sondeos mostraron que buena parte de los británicos no confía en la capacidad de Truss para superar la crisis.

Pese a los escándalos, desde el "Partygate" -las fiestas celebradas en Downing Street durante los confinamientos- a las acusaciones de amiguismo, Johnson sigue disfrutando de popularidad entre las bases conservadoras y se dice que está dolido por tener que marcharse.

Pero el martes reiteró su llamado a la unidad, a superar las divisiones en el partido agravadas por la lucha de poder entre Truss y Sunak.

"Sólo digo a mi partido que si Dylan y Larry han podido superar sus dificultades ocasionales, también puede el Partido Conservador", bromeó en referencia a su perro y al gato que vive en Downing Street.

FUENTE: AFP